Liopardo

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Refutar a Darwin (sin haber leído ninguno de sus libros)

Refutar a Darwin (sin haber leído ninguno de sus libros)
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Charles Robert Darwin. Bendito loco. Para quienes no lo conozcan, diremos que Darwin fue un señor que, a tenor de las fotografías conservadas, nació siendo ya un anciano venerable, calvo y con luenga barba blanca. Se trata de un personaje fruto de la fértil imaginación de Rembrandt, que sirvió de modelo durante toda su vida en las representaciones más clásicas de Dios. También pensó cosas, muchas de las cuales dejó por escrito. Darwin escribió parte de su obra a bordo de un barco, el HMS Beagle, que tenía por norma enfrentarse al océano embravecido para llegar a destinos turísticos de primera categoría. Cualquiera que haya intentado escribir en el interior de un barco zarandeado por las olas sabrá que es casi imposible escribir con una caligrafía legible, y más si quien lo intenta es un venerable anciano de pulso tembloroso. Es por ello que para interpretar la obra de Darwin fueron precisas decenas de farmacéuticos especialmente dotados para la interpretación de manuscritos difíciles. Se sospecha que, ante la imposibilidad de entender la letra del bueno de Charles, los farmacéuticos decidieron inventarse lo que ponía en sus escritos. En una ducha de ideas (no llegó a tormenta, porque los farmacéuticos suelen ser de naturaleza apacible), alguien sugirió la teoría de la selección natural. Entre risas y palmadas en la espalda generalizadas, se aprobó llevar adelante la broma. En Inglaterra, país aficionado al humor bien entendido, gustó tanto la idea que, entre miradas cómplices, exclamaciones de admiración, sonrisas ladeadas y tazas de té, decidieron dispensar a Darwin funerales de estado y enterrarle en la abadía de Westminster. Cuando le llegase el momento, claro; tampoco había ninguna prisa. Los estudios más recientes de reputados grafólogos parecen indicar, sin embargo, que la mayoría de manuscritos de Darwin hablan continuamente de escarabajos con cosas vivas más pequeñas aún pegadas a las patas. Va cobrando fuerza entre la comunidad científica la idea de que toda la obra de Darwin se basa en escribir frases del tipo “Odio a los escarabajos” o “Putos bichos, capaces de sobrevivir en un microondas o a un holocausto nuclear”. Y es que la vida encerrado en la sentina procelosa de un barco zarandeado por las tormentas puede llegar a ser tremendamente triste. Ah, y también se le considera el padre de la biología. Buen trabajo, farmacéuticos.

Petete Potemkin | Madrid | 27/02/2018

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