Liopardo » Petete Potemkin

Liopardo

¿Qué pasaría si todos nos llamásemos Beverly?

¿Qué pasaría si todos nos llamásemos Beverly?

Imagen no disponible

Montaje Imagen no disponible

Publicidad

¿Igualdad o respeto a la diversidad? Esta pregunta lleva dividiendo a la humanidad desde que dejó de ser una burbuja en la charca primigenia. Por un lado están quienes defienden que todos debemos ser iguales. Hay que reconocer que sería práctico. Si todos nos llamásemos Beverly (una idea de Scott Adams, un señor que de más joven (más joven yo) era divertidísimo) ahorraríamos un 75% de actividad mental. Adiós a recordar nombres como Kevin, Usnavy o Milan.

Imagen no disponible
Imagen no disponible | Montaje

Por otra parte está la defensa de la diversidad. Parece una buena idea, hasta que te visita alguien realmente distinto. Hace poco, el presidente de Irán, un país que al parecer existe, visitó el Vaticano, un país que no es de este mundo pero que sin duda existe. Para preparar la visita, en el Vaticano cubrieron un montón de desnudos escultóricos antiguos con cajas, pues se conoce que en Irán la desnudez provoca daños a la vista. Hay que subrayar que Irán es un lugar muy curioso. Antes se llamaba Persia, pero son gente que se cansa enseguida de los nombres y lo cambiaron (ojalá lo hubiesen llamado Beverly). En Irán lo que excita a la población es la ropa. Pese a ser un territorio sometido a altas temperaturas, la gente lleva encima montones de ropa. Incluso debajo de la ropa llevan ropa. Un iraní tarda de media un par de horas en desnudarse; al terminar queda un ovillo de lana, que se mete tranquilamente en la ducha. En el Vaticano saben mucho latín y poco de Irán. En lugar de cubrir las esculturas con gruesos jerséis y amplias túnicas, las encerraron en aparatosas cajas. Me imagino al presidente iraní al volver a su país comentando que esa gente es rarísima, que sienten una pulsión enfermiza por las cajas y que cuánto daño ha hecho a occidente el cubismo. Así, pues, gestionar la diversidad tiene dos problemas: requiere más comprensión y esfuerzo y los resultados no están garantizados. Puedes acabar con un montón de cajas y un señor al que se le escapa la risa por debajo del bigote y de seis capas de ropa. En cambio, la igualdad solo tiene un pequeño problema: es absurda. Mi elección está clara.

Publicidad