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¿Nos mantienen informados las redes sociales?

¿Nos mantienen informados las redes sociales?
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"Las redes sociales nos mantienen más informados que nunca". Y un cuerno. Gracias a las redes sociales oímos las mismas cosas setecientas veces. O más. Lo que han conseguido es que olvidemos con mucha mayor eficacia. De no ser así, nuestras conversaciones serían un no parar de "ya me has dicho eso", "ya lo sé", "dime algo que no sepa". La única forma de combatir el olvido es insistir más; veamos un ejemplo. Un conocido está a punto de publicar un libro. Lo divulga en Twitter. Mil veces. Para los turnos de mañana, mediodía, tarde y noche. Insiste durante días. Para cuando has conseguido hacer callo ante tal noticia, el autor aparece en un vídeobook que parece una invitación a arrancarte los ojos, atarlos con un cordel y utilizarlos como unas boleadoras. Sabes que esto no va a ser fácil. Y, en efecto, empieza su campaña en Facebook. El ahora ya tu nuevo amigo te siente más cercano, de modo que sus comunicados se hacen más largos, con profusión de sentimientos y anécdotas personales. Te pregunta si acudirás. Decides no aparecer por Facebook hasta el mes que viene, cuando haya pasado el chaparrón. Bien pensado. Porque así tienes más tiempo para atender el correo electrónico. Y, oh sorpresa, empiezan a llegar los mensajes de tu amigo del alma y la presentación de su nuevo libro. Los mensajes empiezan a estar peligrosamente cerca de ser un abrazo afectuoso: te detalla el día y la hora de la presentación, te comunica lo importante que sería que acudieras precisamente tú, y te pide que confirmes si irás solo, con tu pareja, o bien con tu pareja, tus padres, tus suegros y tus hijos. A estas alturas ya empiezas a ver claro que el suicidio es una opción no solo viable sino también práctica. Pero aún queda otro asalto. Empiezas a recibir mensajes en WhatsApp, primero en grupos de gente que ni siquiera sabes que conocías, luego personales, en los que tu alma gemela ya desnuda su alma ante ti sin tapujos mientras suena la banda sonora de "Nueve semanas y media". A estas alturas tienes suficientes fotos de la portada del puto libro como para llenar todos los salvapantallas del hemisferio norte. Y sabes cómo acaba esto: acudirás a la presentación, porque serías un desalmado si no lo hicieras, porque es tu mejor amigo, porque te ha perseguido por tierra, mar y aire –sin moverse del sofá, magia 2.0–, y porque está claro que no has tenido valor para suicidarte y ahora tienes que pagar por ello. Comprarás el libro, te lo firmará, y nunca lo leerás. Tú lo sabes, él lo sabe, pero hay ciertos rituales para ser considerado un adulto sociable que nadie puede saltarse. Ánimo.

Petete Potemkin | Madrid | 27/02/2018

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