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Mi resumen del año que hoy termina

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Hoy es 31 de diciembre (lo he comprobado), y por lo tanto hoy acaba el año 2015 después de Cristo (que, por la propiedad conmutativa, se puede denominar también el año Cristo antes de 2015). Se suele pensar que es un día adecuado para hacer un resumen del año. Es este uno de esos pensamientos que alguien soltó una vez y se quedó en el inconsciente colectivo, calcificándose, y hala, todos a resumir como posesos. Sin embargo, al menos en mi caso, no es tan sencillo. Este ha sido un año atareado para mí. De hecho, ha sido tan atareado que no he tenido tiempo para estar pendiente de lo que sucedía durante el año. Es por ello que en este último día del 2015 (d.C.) me veo incapaz de saber qué diablos ha pasado durante el año. Pero es que ni la menor idea, vamos. He estado realmente muy atareado. Sí que es cierto que dentro del 2015 he visto un par de episodios de “Battlestar Galactica” (también he visto la última de “Star Wars”, pero no puedo hablar de ella porque firmé un acuerdo de confidencialidad contra los spoilers). Es por ello por lo que, aprovechando que unas cosas llevan a otras, me ocuparé en esta ocasión de una de las preguntas más antiguas y eternas que se formula el ser humano: ¿cómo saber si esa persona que tienes enfrente es un extraterrestre? Los filósofos presocráticos, punto de partida obligatorio en todo análisis humanístico, tomaron frente a esta cuestión una posición reservada: no dijeron nada al respecto. Sintomático, cuanto menos; pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar a esa gente? Si ni siquiera sabemos aún quién es extraterrestre y quién de La Moraleja. Damos un salto temporal y nos plantamos directamente en 2015, que es de lo que va el tema. Se detecta de inmediato una constante: todos los seres humanos están perdiendo el tiempo en las redes sociales. Todos. Pero todos, todos. Incluso los que no entran jamás en ellas ocupan todo su tiempo explicando a todo aquel que pillan desprevenido que ellos no usan las redes sociales porque blablablá y superioridad moral. Así, pues, si estamos frente a alguien que no sabe lo que es un smartphone, que no se pregunta cuatro veces al día cómo darse de baja de Facebook (sin llegar a resolverlo nunca), si no tiene una cuenta en Twitter (y un par más con pseudónimos), si no publica sus menús en Instagram, si no viaja en transporte público haciendo que su WhatsApp eche humo, entonces es un extraterrestre. Exacto: los que se dedican a la agricultura de subsistencia, los nómadas del desierto, los que leen en papel a Pérez Reverte y, con toda probabilidad, Manuel Campo Vidal. Ya ves si era complicado. Feliz 2016 (d.C).

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