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La loca historia de las ideas estéticas

La loca historia de las ideas estéticas

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Petete Potemkin | Madrid
| 27.02.2018 11:22
La belleza, qué cosas tiene. Simplificando, se puede afirmar que cuando el ser humano ha comido y dormido lo suficiente, empieza a sentir un vivo interés por la belleza. La belleza, entendida como un conjunto de razones que llevan a un veredicto, ha sido estudiada a lo largo del tiempo por los historiadores de las ideas estéticas. No es momento ahora de ahondar en sus trabajos; baste decir que se pueden resumir en un: “Hay que ver cómo está todo”. Ahora bien, en su esencia, ¿qué diablos es la belleza? Pues vuelve a ser un momento excelente para resumir el tema: la belleza es lo que diga Jony (sir Jonathan) Ive. Para quienes acaben de salir de una larga criogenización, aclarar que Jony Ive es quien tiene el lápiz en Apple. Es el responsable del diseño de sus productos. Es el tipo que Steve Jobs se habría llevado a una isla desierta.

 

Vayamos por partes. Al principio Estados Unidos fabricaba coches. Muchos coches. Montañas de coches. Pasó el tiempo y todo el mundo fabricaba coches, muchos de ellos más baratos y en ciertos aspectos mejores que los suyos. Llegó la hora de la reflexión, y entre celebración y celebración del 4 de julio vieron que Platón estaba en lo cierto y que la materia era un palo. Entonces se encaramaron a lo más alto del mundo de las ideas y se pusieron a producir algo nuevo: cine, televisión, información, noticias... En fin, todo aquello que no tuviera que ver con el barro primigenio. Les fue bien. Les va bien. Series, TV a la carta, YouTube... Siempre llegas cuando ellos ya están ahí. Hasta aquí la lección de historia. Volvamos al presente. Todo el mundo de la información y los medios pasa en la actualidad por los móviles. Y es imposible hablar de móviles sin hablar del iPhone. ¿Por qué? Se puede argüir que hay móviles mejores, más baratos, con pantallas más grandes, más luminosas, con procesadores más rápidos y con carcasas con menor tendencia a doblarse. Y todo ello es cierto. Pero hay algo que ninguno de esos móviles tiene: a Jony (sir Jonathan) Ive.

 

Y es que detrás del iPhone, y en general detrás de los diseños de Apple (de Jony (sir Jonathan) Ive), se oculta el secreto del éxito: van ganando la guerra de las ideas estéticas. El iPhone se considera bonito de forma inherente, ideológica. Puedes afirmar que tu móvil de la resistencia es mucho más bello, pero no podrás evitar compararlo con el iPhone. No está permitido. Solo quienes nacieron antes y hace tiempo que pasaron de moda (y los hipsters que intentan parecérseles) son inmunes a su diseño y prefieren ir por el mundo con un ladrillo de Nokia en el bolsillo. ¿Esto es bueno o es malo? Pues la verdad, ni puñetera idea. Lo único que se puede afirmar es que Apple está a un paso de presentar una suscripción en la que tú les ingresas directamente tus ingresos mensuales y ellos te mandan lo que les dé la gana. Total, te va a gustar porque tiene que gustarte. Y no te engañes diciendo que a ti los patrones de belleza te dan igual, porque seguramente es que tienes hambre. O sueño. O ambas cosas. O no, ojo.

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