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La conspiración de la lotería (un par de apuntes, para no cansar)

La conspiración de la lotería (un par de apuntes, para no cansar)

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La lotería, qué cosa. Dices “lotería” en voz alta y aparecen de la nada cientos de matemáticos y estadísticos, demostraciones en ristre, aullando las escasas posibilidades de que alguna vez te toque. Es magia. Es este un mundo mágico en el que la palabra “lotería” invoca matemáticos. Es un mundo mágico y algo rarito. Pero al tema. A estas alturas todos sabemos que la lotería es, a efectos prácticos, la peor solución del mundo a la falta de dinero. Y, sin embargo, multitud de loterías siguen funcionando con precisión de reloj de cuco suizo caro. Cuando preguntas por el motivo, la respuesta más común es dar por supuesto que somos tontos. Sin embargo, un rápido repaso a la agenda de contactos demuestra que, salvo tal vez algún cuñado, el índice de tontos no parece tan elevado. Tengo un especial olfato para los misterios, y me he dado cuenta de que ahí hay uno. A por él. Lo resolví enseguida, claro. La única explicación posible a la pervivencia de las loterías es la siguiente: no funcionan. Punto. Las. Loterías. No. Funcionan. Entonces, ¿por qué perduran? Exacto, Watson: porque son una fachada.

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Según mi teoría, las loterías pierden dinero. Pierden dinero en cantidades ingentes. Las deudas externas de los países más endeudados son quincalla en comparación con lo que pierden las loterías. Opino que cada lotería vende el 0,001% de sus boletos (valor estimado) (a ojo). La recaudación no llega ni para pagar al impresor. ¿El resto? Inversión privada. Grandes ricachones invierten ingentes sumas de dinero en la lotería, para pagar los gastos y los jugosos premios. ¿Por qué? Porque, ellos sí, son tontos. Mucho. Enormemente. Si no, no estarían tirando el dinero. Estarían haciendo cosas con él. Estadísticamente es incontestable: si una minoría de la población es tonta, y una minoría de la población es enormemente rica (pausa para hacer el escamoteo, atentos)..., los tontos son megarricos que invierten en lotería esperando, un día, obtener cuantiosos beneficios que destinarán, sin duda alguna, a su verdadero proyecto: poner en marcha las metaloterías. Que serán lo mismo, pero con mucho mayores pérdidas. Misterio resuelto. A mandar.

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