Liopardo

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Hay que ver lo listo que es el ser humano

Hay que ver lo listo que es el ser humano
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El ser humano es muy listo. O, al menos, eso es lo que opina sobre sí mismo. En su defensa arguye que ha sido capaz de descubrir el fuego y de inventar la rueda. También ha hecho otras cosas, claro, pero simplifiquemos para no andarnos por las ramas. Empecemos con el fuego. Bien, el ser humano vio que un rayo caía sobre un árbol muerto y prendía un fuego. Seguramente lo vio un montón de veces. Hay que tener presente que hablamos de un tiempo en el que los rayos caían libremente, no como ahora, que solo caen ante las cámaras del tiempo. El ser humano, con su enorme sabiduría, fue capaz de elaborar el siguiente razonamiento: rayo -> cae sobre -> árbol muerto -> sale cosa que quema (el término “fuego” apareció más tarde) -> se pueden poner cosas encima y cocinarlas o quemarlas por brujas. Era algo maravilloso. Lo que no cuenta la historia son los miles de años que se pasó el ser humano intentando construir un mechero que cupiera en un bolsillo y que integrara en su interior un Hacedor de Rayos y un Árbol Muerto. El tema del árbol lo solucionó probando con árboles cada vez más pequeños (muchos bonsáis inocentes murieron en esa triste etapa) hasta acabar usando el gas, que, como es sabido, está compuesto de árboles muertos microscópicos. Sin embargo, para inventar el Hacedor de Rayos tuvo que arremangarse de verdad y liarse con cosas como la Vida Moderna, el I+D (=501) y el capital-riesgo. Hay que decir en su favor que al final consiguió fabricar un Hacedor de Rayos eficaz y bastante pequeño, excepto si hablamos de los encendedores de cocina. ¿Y qué decir de la rueda? La historia no cuenta que la rueda se inventó en bajada, que es donde empieza a mostrar sus ventajas, y que las primeras ruedas que se inventaron se perdían irremisiblemente cuesta abajo. En realidad lo que pretendían resolver los primeros Hacedores (le estoy cogiendo gusto a este vocablo) de Ruedas era un truco de magia en el que una bella ayudante vestida con un bañador de lentejuelas desaparecía misteriosamente (detrás de la caja usada para el truco había una pronunciada cuesta por donde debía arrojarse la voluntaria). La escasez de ayudantes voluntariosas llevó a sustituirlas por Piedras Que Desaparecen Cuesta Abajo, que es el protonombre de rueda. Luego ya una cosa llevó a la otra. (Cuenta la leyenda que los magos tuvieron que huir precipitadamente cuando se descubrió que en la zona no quedaban ayudantes de mago jóvenes, y usaron una cuesta y un carromato mágico montado sobre lo que acabarían siendo las primeras ruedas de la historia para desaparecer a gran velocidad). De los casos del fuego y la rueda podemos sacar valiosas lecciones. Una de ellas es que es peligroso permitir a un tuitero que escriba un artículo. Pero la lección más importante de todas es que el ser humano es rarísimo, por mucho que se esfuerce en ocultarlo tras una vana apariencia de progreso y modernidad.

Petete Potemkin | Madrid | 27/02/2018

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