Liopardo

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¿Grandes inventos de TODA la humanidad?

¿Grandes inventos de TODA la humanidad?
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Ya hemos hablado con anterioridad del fuego y la rueda. Para los lectores inadvertidos, el fuego quema y la rueda, pues eso, rueda. No hacen falta más antecedentes para seguir adelante con esta lamentable exposición. Vamos allá. Decir que la humanidad ha descubierto el fuego e inventado la rueda es una manera tan buena como cualquier otra de ocultar la cruda realidad: la inmensa mayoría de la humanidad no tiene ni idea de cómo y por qué funcionan el fuego o la rueda. La mayoría de la humanidad tenemos serios problemas para prender el fuego de una barbacoa. Muchos de nosotros, casi todos, opinamos que la rueda funciona como funciona porque es más o menos como lo ha hecho siempre, y no se va a poner a cambiar de hábitos a estas alturas. El fuego funciona, y funciona como funciona, debido a una serie de causas físicas, químicas y (en su mayor parte) religiosas y esotéricas que el común de los mortales aprendimos someramente de niños y hemos olvidado porque teníamos cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo: “¿Qué diablos he venido a buscar a la cocina?”, o “¿Qué diantre significa este nuevo emoticono del WhatsApp?” Si fuera por la mayoría de la humanidad, el fuego se habría apagado hace milenios y Chicote se habría dedicado a otra cosa (no todo iban a ser inconvenientes). La rueda gira y se desplaza siguiendo un montón de reglas físicas que incluyen cosas como vectores, ejes, palancas y a saber qué más (probablemente también incluya edulcorantes y algún que otro acidulante). De nuevo, nos enseñaron los rudimentos en una etapa de nuestras vidas en la que teníamos otras prioridades, como lidiar con el acné y dar salida a un festival de hormonas que nos tenía locos. También la rueda habría caído (por una bajada) en el olvido hace milenios, si no fuese por una exigua minoría de la humanidad que realmente sabe cómo funcionan estas cosas. De hecho, la humanidad es tan descuidada con lo que de verdad es importante que ni siquiera toma medidas de cautela imprescindibles, como impedir que los que saben cómo y por qué funcionan el fuego y la rueda viajen en el mismo avión. Así de cerca estamos del caos absoluto, de tener que sustituir las barbacoas por el desmembramiento in situ a mordiscos del mamut de turno, de llevar a rastras las cosas por el mundo en lugar de deslizarlas elegantemente sobre ruedas. La humanidad es una inconsciente, y es un milagro que no se haya extinguido hasta ahora. El principal misterio de todo esto es cómo consiguen ser ateos algunos pese a tanta evidencia en contra. Son admirables.

Petete Potemkin | Madrid | 27/02/2018

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