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¿Estamos viviendo por encima de nuestras dimensiones?

¿Estamos viviendo por encima de nuestras dimensiones?

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El club de las dimensiones se ha convertido en un sainete. A las socias fundadoras –Longitud, Altura y Profundidad–, se les quieren unir nuevos miembros como sea. Su candidato más legendario es el Tiempo. El Tiempo quiere ser una dimensión. Ya sentenciaba mi abuelo que “el Tiempo está loco”, y sabía de qué hablaba. Una vez un físico muy listo se dio cuenta de que si quieres pasar una tarde apacible viendo cómo un caracol transita de un punto a otro, además de la distancia que recorre, tienes que recurrir al Tiempo. Sin Tiempo no hay movimiento, ni velocidad –aunque hablarle de velocidad a un caracol pueda ser considerado de cierto mal gusto. Pues bien: ¿y qué? Resulta que si el caracol no tiene ganas de ir a ningún lado, se echa a perder el experimento. Entonces, ¿debería ser una dimensión las Ganas De Ir A Sitios? No veo por qué no. Algo parecido podría afirmarse de la necesidad de que el caracol esté vivo o, en su defecto, ubicado en una pendiente pronunciada por donde pueda rodar. Pero las cosas siempre pueden empeorar, y lo demuestran. Si en lugar de un pobre caracol nos centramos en un ser mucho más artero y torturado psicológicamente como es un gato, el tema empieza a ponerse realmente interesante. Un gato no va de un punto A a un punto B. Un gato sabe exactamente dónde se encuentra, y de pronto tiene motivos para ir a N puntos simultáneamente. Si los gatos fuesen partículas quánticas, la Física sería una fiesta de adolescentes con barra libre. Los gatos convierten las Ganas De Ir A Sitios en un frondoso bosque de causalidades. Al menos, hasta que encuentran una fuente de calor, en cuyo momento todo el sistema se colapsa y se impone un inmovilismo digno de Parménides. De donde se sigue que las dimensiones son como todo. Q.E.D.

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