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El síndrome del síndrome de Stendhal

El síndrome del síndrome de Stendhal

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Cuenta la Historia que Stendhal vivió en Florencia un atracón de arte y belleza que le provocó una especie de éxtasis y mareos. Vamos a profundizar un poco en este episodio, porque la Historia cuenta lo que le interesa y aquí parece ocultarse algo que no le interesa. Lo primero que no suele decirse es que el pretendido síndrome de Stendhal lo cuenta el propio Stendhal en una de sus obras. Es como si yo divulgo el síndrome de la abducción de Petete porque me da por contar por ahí que me abdujeron unos extraterrestres, con resultado de éxtasis y mareos. A otro perro con ese hueso. Por ende, Stendhal fue escritor. No solo eso: fue un escritor francés . Es sabido que el francés es el pretexto de quienes no saben pronunciar la "r", ya sea por desidia o por una infancia difícil. Por si quedase alguna duda, además de escritor fue militar: subteniente de... dragones. Vaya, vaya, alguien que pretende ser un personaje de George R. R. Martin mucho antes de que este naciera. Señoría, no hay más preguntas. Para rematar, veamos su obra. Se trata de libros gordos, algunos con cientos de miles de páginas, que están llenos de palabras invariables, como preposiciones, conjunciones, adverbios e interjecciones, junto con otras palabras algo más variables. No parece muy de fiar, ¿verdad? Mi hipótesis sobre todo esto se basa en una reflexión metódica y en el consumo de cosas que harían enrojecer a un ciclista profesional, pero esta no es la cuestión. La cuestión es que creo que Stendhal se inventó su síndrome para ocultar que la noche anterior cenó un kilo y medio de anacardos y un montón de chupitos de orujo, en compañía de otros miembros del cuerpo de... dragones (jeje) y que se escucharon muchas frases que empezaban con "A que no hay huevos –de dragón–de..." seguidas de otras del tipo "¿Que no qué?", todo ello aderezado con chanzas, rondas y risas ("guisas", en francés). De resultas de ello, Stendhal se habría pasado la noche agarrado a la taza del inodoro echando hasta el páncreas. A la mañana siguiente, incapaz de abrir los ojos debido a una resaca de cien mil pares de cascos de caballos resonando en su cráneo, se inventó lo de la belleza y la hermosura y no sé qué. En realidad, si se hubiese tomado a tiempo un Alka-Seltzer y seis aspirinas, al poco habría descubierto que su cuerpo de... dragones (jeje) se había perdido y se encontraba en Murcia. Stendhal, a mí no me la das con queso (en francés, "fromage", pero suena como "fgomash").

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