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El refinamiento definitivo de la tortura: comer de "pica-pica"

El refinamiento definitivo de la tortura: comer de "pica-pica"

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La Inquisición hizo un trabajo impecable en lo que se refiere a encontrar formas de purificación de los herejes por medio de la tortura. Otros han hecho también grandes avances al respecto, claro. Pero no hay espacio aquí para tratarlos todos, de modo que la Inquisición hizo un gran trabajo, y hasta aquí la introducción al tema. Sin embargo, la tecnología moderna ha abierto multitud de vías para perfeccionar el arcano arte de la tortura refinada. Nuestra forma de vida brinda ocasiones para que los torturadores más abyectos acaben con nuestra resistencia y nos tengan a su merced. De todas ellas, tal vez la más temible y eficaz sea la de proponer ir a comer “de pica-pica”. Una comida de pica-pica, para quienes acaban de salir de una larga criogenización y por alguna razón se han puesto a leer esto, es una forma de comer basada en ir probando pequeños bocados de cosas muy diversas. Cuanto más diversas, mejor. La excelencia se consigue cuando al 90% o más de comensales les explota un hemisferio cerebral al cabo de cuatro o cinco tapas, cosa que los locales especializados consiguen casi de rutina. El cuerpo humano cuenta con un estómago de capacidad variable pero, en cualquier caso, limitada. El secreto de un buen pica-pica es dar la impresión de que casi no se está comiendo y, por medio de una técnica de insistencia inspirada en la gota malaya, hacer que el inadvertido paciente engulla y engulla, hasta sobrepasar, sin que en ningún momento se dé cuenta, el volumen disponible. Una vez más, hay premio especial para el local que consigue que nadie se dé cuenta de este curioso fenómeno físico hasta que los asistentes intentan levantarse, cosa que no consiguen. Lo normal es aprovechar para filmarles en ese instante, subir el vídeo a las redes y arruinar sus vidas definitivamente, todo ello entre grandes risas y general alborozo. Si esta efectiva técnica de exterminio masivo parece deleznable, hay que decir que existe una modalidad en la que se combina con otros factores para resultar definitivamente mortífera: las bodas. En efecto, el secreto estriba en colar el pica-pica como un vermú, esconder a la pareja de novios un buen rato (bajo el pretexto de que “les están haciendo fotos”, por ejemplo) para tener tiempo de cebar al respetable sin compasión, y, cuando empiezan a presentar síntomas de agonía terminal, hacerles pasar a las mesas, donde se les remata con un copioso ágape tradicional. Y aún hay quien años más tarde, tras perder así a todos sus familiares y amigos –o tal vez por ello–, sigue afirmando que aquel fue el día más feliz de su vida.

 

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