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El modo gato

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El ser humano es adorable. Es tan adorable como un gato. En realidad, es como un gato, con menos pelo pero con más manías. Voy a ilustrar mi afirmación con un ejemplo. Uno sencillito. Tras un duro día de trabajo, te subes a un transporte público, te sientas y te dispones a vivir un largo trayecto. Estás agotado, y necesitas hacer algo que te entretenga sin reclamar lo mejor de ti. Sacas el móvil, con su pantalla gigante de vibrantes colores, y te dispones a pasar el rato con un juego que no necesita que pienses. Uno de esos en el que cosas de colorines se mueven por la pantalla siguiendo tus órdenes. Órdenes de zombi, por supuesto. De pronto tu compañero de asiento, hasta ahora dormitando, cobra vida y empieza a mirar fijamente la pantalla de tu móvil. Sus pupilas se dilatan, el pelo de su cola se encrespa y adopta una posición agazapada pero tensa. Al poco rato empieza a dar pequeños zarpazos a las cosas de colores que nadan por la pantalla de tu preciado móvil. Ha adoptado el modo gato. Es probable que te sientas incómodo por tener al lado a un gato de tamaño humano. Pero no te precipites: acabas de conseguir un nuevo juego, más entretenido que el anterior, ¡y gratis! Sácale partido. Lo primero que debes hacer es establecer contacto visual con tu nuevo y enorme gato. Dale confianza. Al principio te prestará poca atención, centrado como está en las cosas que se mueven en el móvil y que tal vez le parezcan comestibles. Persevera mientras le hablas como le hablarías a un bebé. Si juegas bien tus cartas, pronto podrás empezar a rascarle detrás de las orejas. Se han dado casos de expertos que han conseguido que su compañero de asiento se ponga panza arriba y ronronee. Si le dedicas los cuidados adecuados, tú también lo puedes conseguir. También puede ser que no te gusten los gatos y el observador gatuno te incomode. La solución es simple: apaga el móvil PERO mantenlo a la vista. El enorme gato que te acompaña seguirá mirando un buen rato tu móvil, pero lentamente sus pupilas se irán contrayendo, emitirá un bostezo (echando las orejas hacia atrás; este momento es muy gracioso), empezará a lamerse todo el cuerpo, se hará un ovillo y se quedará dulcemente dormidito en el asiento (o en tu regazo, si le has tratado bien y tu regazo está caliente). Aprovecha y sácale divertidas fotos cuquis que puedes compartir luego en Instagram. ¡Feliz trayecto!

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