Liopardo » Petete Potemkin

Liopardo

El conocimiento absurdo

El conocimiento absurdo

Imagen no disponible

Montaje Imagen no disponible

Publicidad

El cerebro humano es maravilloso. A pesar de su aspecto arrugado y su textura de algo muy enfermo, tiene la capacidad de aprender, recordar y aplicar lo aprendido a futuras situaciones. Pero tiene otra capacidad muy superior, que nos aleja del resto de seres vivos y nos permite jugar en otra liga: tiene la capacidad de aprender, recordar y repetir cosas completamente inútiles. Ojo, que hay conocimientos que tienen una utilidad reducida, pero real. Por ejemplo, saber en qué año Gary Lineker se hizo caca -literalmente- durante un partido de fútbol puede ser un valioso dato que nos puede dar acceso a un quesito en el Trivial Pursuit. Sin embargo, hay una clase de infraconocimientos que no sirven más que para animar alguna que otra sobremesa insoportable y demostrar que uno es cuñado de sus cuñados. Hay un ejemplo paradigmático de esta categoría de datos basura: los récords. Saber, pongamos por caso, cuándo y en qué localidad se hizo la paella para más gente. A menos, por supuesto, que uno sea precisamente de dicha localidad y estuviese vivo durante el remarcable evento. Con suerte, puede tratarse incluso de quien profirió la histórica frase: "Una paella no lleva eso". Esta visión del mundo basada en saber cosas como cuál fue el mamífero más grande de la historia (sin contar a Gérard Depardieu) O quién hizo el cambio de nacionalidad más raro (incluido Gérard Depardieu) ha dado lugar a una próspera actividad económica, coronada por el Libro Guinness de los Récords. Miles y miles de personas se quedarían sin actividad cerebral si de pronto el señor Guinness decidiese que ya está bien de hacer el moscardón por el mundo y se hiciera ermitaño. No es descartable que se organizasen peregrinaciones para arrojarse en masa desde el Golden Gate (que seguramente tiene algún que otro récord Guinness en su historial); lo cual, por cierto, significaría un nuevo récord y un final redondo. La vida también puede ser poesía.

Publicidad