En Kaesong, una ciudad situada en la frontera entre las dos Coreas, tenemos una oficina de enlace para fomentar el diálogo entre los dos gobiernos. El edificio fue pagado a medias: la mitad Corea del Sur, la otra mitad, ONGs internacionales a nombre de Corea del Norte. Esta semana el presidente surcoreano comentó que teníamos que explotar mejor la oficina de enlace y así lo hice: la inmolé por completo, literalmente. Si quieren diálogo que prueben con Siri o Alexa. El presidente surcoreano lleva semanas lanzando panfletos propagandísticos sobre nuestro territorio con mensajes difamatorios como que Corea del Norte es una dictadura, una afrenta que además viola las normas norcoreanas que especifican claramente que sólo el gobierno puede imprimir y distribuir folletos.

 

¿Qué se puede esperar de Moon Jae-in? Un tío llamado Luna, como mi perra. No es serio, habrá que esperar a que la democracia siga su curso y ponga en el cargo a otro mamarracho distinto para volver a probar la vía del diálogo. Igualmente la oficina no servía para mucho, hoy en día con un ordenador, Zoom y acercarte a la frontera a pillar wifi, puedes montar una reunión diplomática. Hay que adaptarse a los tiempos. En Corea del Norte ya estamos testando el 2G, estará en periodo de pruebas los próximos 50 años, periodo en el que sabremos si esta tecnología para descargar politonos provoca cáncer o por el contrario toda estas teorías son simplemente el efecto que la droga empieza a hacer en los cantantes españoles de los 90.

Para el que no conozca la teoría, viene a decir que Bill Gates quiere inyectarnos unos microchips en las vacunas del coronavirus para tenernos controlados mediante el 5G y saber todo sobre nosotros, es decir, lo mismo que lleva haciendo Google desde que instaló Android en nuestros móviles y nos pidió permiso para que llevásemos el micrófono y el GPS activados. No os droguéis, al final termina pasando factura.