El vídeo del hombre chupando un portero automático durante tres horas sin motivo aparente es el mejor ejemplo del momento que vivimos: no tenemos herramientas suficientes para comprender la realidad, las herramientas del consenso de la posguerra y de la generación del Frigopie y la GameBoy se han quedado obsoletas. Necesitamos un nuevo paradigma que nos saque de este laberinto de irracionalidad.

Ejemplos de sinsentidos: Corea del Norte era hace dos años la mayor amenaza para el mundo, hoy se está desnuclearizando por voluntad propia. Andalucía, la región que iba camino de robarle a Corea del Norte el récord del gobierno socialista más longevo, ha cambiado de gobierno tras 40 años para defender dos instituciones que estaban en peligro de extinción: la familia y la Semana Santa. En Brasil, Bolsonaro ha nombrado a una nueva ministra de Derechos Humanos para defender las libertades con un propósito muy claro: impedir que los niños vistan de rosa. Hemos llegado a ver a una feminista protestar antes Berlusconi enseñándole las tetas, ¿qué tipo de protesta es esa? ¿Protesta a la japonesa?

Las empresas textiles se esfuerzan por crear tejidos que protejan del frío mientras la moda de los pantalones remangados y los tobillitos al aire que ya ha llegado a Helsinki, a Minsk y los pueblos esos que hay más allá del muro de Jon Snow. Los creadores de videojuegos han descubierto que ganan más dinero ofreciendo sus productos gratis, que los chavales al final se van a gastar diez euritos en comprarle un skin (un pantalón) a su avatar de Fortnite. Y por último, para culminar todo este despropósito: llegan las rebajas. La época del año en la que más ropa nos probamos coincide con el momento del año en que estamos más gordos, justo después de Navidad. ¿Quién está detrás de este despropósito? ¿Qué intereses ocultos hay? ¿Para qué te pones bufanda si luego llevas los tobillos al aire? ¿Qué demonios se han infiltrado en el paraíso? Necesitamos a Marie Kondo para que ponga un poco de orden en la realidad.