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Gracias a la pelota

Norcoreano escribe sobre el mito futbólistico que fue Diego Armando Maradona.

Diego Maradona celebra un gol con Argentina

Getty Images Diego Maradona celebra un gol con Argentina

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La mejor definición de Maradona la dio Eduardo Galeano en su libro Espejos cuando contó que el mismo futbolista había sido capaz de marcar en cinco minutos los dos goles más contradictorios de la historia del fútbol, el más bello y el más tramposo, y por ambos había sido idolatrado por igual.

Maradona estaba muerto antes de morir y sigue vivo después de muerto, con él se ha ido la última estrella del rock. Los argentinos van a realizar en mitad de una pandemia uno de los velatorios más multitudinarios de la historia para reafirmar lo que les define: que es la pasión la que les gobierna y que no hay nada más argentino que no atender a razones. Un millón de argentinos van a sacrificar la salud y la economía de su país para llorar desconsoladamente a un desconocido.

"Vas por la calle y parece que a todos se nos murió el mismo pariente", contaba ayer uno. A Maradona no le quieren por los Mundiales, le quieren porque les representa. Un tipo capaz de tenerlo todo en la vida y arruinarlo en un instante. El Dios hecho humano.

Maradona era el de los dos Mundiales, el de México 86 y el de Rusia 2018 cuando consiguió ser protagonista en la grada haciendo el ridículo en estado de ebriedad. Picasso fue el mayor artista del último siglo a pesar de haberle arruinado la vida a todas sus mujeres, llevando a alguna de ellas al suicidio.

Ser mala persona no te hace mal pintor, ni ser buen pintor te hace buena persona. No hay que ser ni argentino ni milenial. A Maradona hay que admirarle por su obra, porque cuando ahora un jugador marca un gol tras haberse regateado a todo el equipo, no marca un golazo, marca un gol maradoniano.

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