Internet ha cambiado nuestra sociedad, ha cambiado la forma en que nos relacionamos, la forma en que compramos, y también ha redefinido el humor. La red ha puesto de moda el humor absurdo, el que une conceptos absolutamente antagónicos: una viñeta de dos tronistas discutiendo sobre Schopenhauer, un Einstein cani que habla como los adolescentes por WhatsApp o la reciente broma de moda: #OnePerfectShot: sustituir fotogramas de películas por imágenes absolutamente lejanas pero que las recuerdan.

 

Una de estas gracietas de moda que ha debido surgir en 4Chan o algún foro similar ha sido llamarme gordo a mí. Sé que no se entiende, pero es humor absurdo, a ellos les hace gracia. El problema es que uno no es de piedra, y a pesar de haber sido elegido tres veces “Hombre más bello del planeta” en Corea del Norte, “Mister Pelo Pantene” en las dos últimas ediciones y “Vecinito FHM del año” en 2011 y 2014, las bromas y los memes le hacen a uno dudar de sus cualidades apolíneas. Hace seis meses entre en un hilo de un foro chino en el que se insinuaba que estaba gordo mediante un montaje en el que aparecía comiéndome un submarino, y comencé a cuestionarme mi figura. De un día para otro empecé a no coger el tanque para ir a comprar el pan y a seguir una dieta estricta de cenar pescado todos los días, no probaba otra cosa que no fuese langosta antes de irme a la cama. Internet ha estado a punto de hundirme la vida como a tantos otros jóvenes como a los que los cánones de las revistas de moda los han conducido al bichopalismo. Gracias a Dios, mis ministros me sacaron del pozo infernal en el que me había metido, me abrieron los ojos. Me llevaron a mi armario y sacaron uno de mis pantalones para recordarme que tenía una talla 40, en la etiqueta lo ponía bien clarito en números romanos: “XL”. Me quitaron la venda de los ojos, me trajeron de vuelta a la vida. Por un tiempo me hicieron olvidar que nadie en el mundo había hecho más que yo por combatir la obesidad en su país, que hay semanas que no les doy ni comida.

 

Durante meses he pasado por un infierno que no le deseo ni a Obama, pensaba que no podía hacer nada para combatir esta crueldad hasta que leí que el gobierno español estaba preparando una Ley para prohibir los memes. La noticia encendió una bombillita en mi cabeza. Este mes he llegado a un convenio con en el gobierno chino para que censuren las webs en las que se me llama gordo: El Convenio Chino Norcoreano Anti-anorexia. Ahora estoy trabajando para firmar el convenio de extradición para los chinos que incumplan la Ley. A ver si cuando les pasen la revisión del dentista aquí en la cárcel se ríen tanto.