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Ludopatía y ácido úrico: la Navidad occidental

Ludopatía y ácido úrico: la Navidad occidental
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El año pasado escribí un artículo explicando la Navidad, una festividad cristiana que celebran los occidentales, pero por falta de espacio me dejé muchas cosas en el tintero. De la misma forma que la Semana Santa se celebra la primera luna llena de primavera y Pentecostés 50 días después de la pascua, la Navidad se celebra 90 días después de la primera emisión del anuncio de "Ya es Navidad en El Corte Inglés", 60 después del anuncio de El Almendro y un mes después del anuncio de lotería en el que un pueblo entero se confabula para hacer creer a una abuela que es rica.

 

La Navidad es básicamente una época en la que los occidentales conmemoran el nacimiento de Jesucristo cumpliendo todos y cada uno de los pecados capitales:

Lujuria: desear a la mujer de tu jefe en la cena de empresa.

Gula: comer marisco 15 días seguidos hasta reventar.

Pereza: tirarse dos semanas sin trabajar.

Avaricia: que te toque el Gordo y comprar décimos para el sorte de El Niño.

Soberbia: tu cuñado en Nochebuena dándote lecciones de mecánica.

Ira: tú escuchando a tu cuñado dándote lecciones de mecánica.

Envidia: desear los regalos de Reyes de tu hermano en lugar de los tuyos.

La Navidad está llena de ritos y costumbres. Diez días antes de Nochebuena, los españoles comienzan a pasar mensajes por WhatsApp para animar a la gente a hacer boicot al cava catalán, porque como todo el mundo sabe, todos los catalanes viven directamente de la industria del cava. El día 28 se celebra el Día de los Inocentes, que básicamente consiste en disfrazarse de político: decir mentiras todo el día sin parar. En Nochevieja es costumbre comer 12 uvas para celebrar el año de la siguiente manera: primero cuatro uvas, luego la tía Emilia grita: “¡Que son los cuartos, que son los cuartos!”, y luego ya se ingieren de golpe las ocho uvas restantes y se acude a socorrer al tío Bernardo que tiene la cara morada y se ha quedado a tres uvas de una traqueotomía. Es también tradición en muchos pueblos españoles que el día 5 de enero, el concejal de Cultura se pinte la cara de negro y se pasee por el pueblo subido en una carroza disparando caramelos a todos los niños que se han congregado para recibir pasivamente la agresión. Todo este despropósito llamado Navidad llega a su fin el Día de Reyes, cuando por si no han tenido suficiente ludopatía con el sorteo del Gordo, les da por sortear un niño y siempre le toca a Angelina Jolie.

Yo cada año que veo todas estas celebraciones desde Pyongyang pienso lo mismo: “Lo que son capaces de soportar los proletarios occidentales por tener dos semanas más de vacaciones.

La Navidad, esa provocación imperialista

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Norcoreano | Madrid | 26/02/2018

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