El pasado fin de semana se celebró la cumbre del G7 en Birraitz (Francia), en principio iba a ser del G8 pero se quedó en G7 por mi ausencia. Unos días antes me disculpé ante Merkel por SMS: "Haberme avisado a tiempo y me cojo de vacaciones la primera quincena de agosto en vez de la segunda", pero no obtuve respuesta probablemente por la más que conocida mala cobertura que hay en los Pirineos.

Sí estuve en contacto en todo momento con Donald Trump, amigo, compañero, hermano y capitalista, pero buena persona. Lo hice mediante un Pentium con RDSI que ordené instalar en mi resort y con el cuál establecí una vía de comunicación segura a través del chat de Terra. Me cuentan que en la cumbre participaron Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, Japón, Reino Unido y Canadá, que no ha participado en ninguna guerra mundial pero sí ha ganado la NBA este año, motivo por el cuál estaba invitada. La otra gran novedad fue el estreno de Boris Johnson, una versión de Trump pero borracho desde las 11 de la mañana.

Durante el fin de semana se trataron los temas candentes del momento. El primero: los incendios del Amazonas. Los europeos pusieron sobre la mesa una partida económica para combatirlos, Donald y Boris propusieron dejarlos arder y plantar allí doce torres comerciales. Se impuso la primera propuesta. El segundo gran punto de la cumbre fue la ayuda a los países desarrollados, en este caso poniendo la lupa en España por el brote de listeriosis. Existe consenso entre los grandes países en que hay promover el desarrollo económico de los españoles para que puedan acceder a una comida digna y dejen de lado productos tercermundistas como la carne mechá, la manteca colorá, los chicharrones y la zurrapa de hígado.

El tercer gran punto de la agenda es bien conocido por todos: Groenlandia, la otra Neymar del verano. Trump quiere comprar la región y ya ha probado con todo: le ha ofrecido a Dinamarca una cesión con opción de compra obligatoria la próxima temporada, pero no hay manera. Trump pidió apoyo en el G7 pero sus socios no escuchan. Alemania ya se ha olvidado de Polonia y Checoslovaquia y ahora va de digna como si a ella no le interesase quedarse con otros países. Macron y Trudeau parecen dos hermanos sacados de la tuna de ADE y votan siempre juntos lo que digan los europeos, y Shinzo Abe habla perfectamente inglés pero Trump no lo sabe y no se ha dirigido a él en toda la cumbre. ¿Fracaso de Trump? En absoluto. Estoy convencido de que Groenlandia es una estrategia para desviar la atención de lo verdaderamente importante, a lo Mourinho. A Trump le dicen: "Tienes que prohibir la venta de armas en los supermercados" y contesta "Quiero comprarme ese trozo de hielo de dos millones de km²". Es un genio, el Maquiavelo de nuestra época.