Los humanos llevan en La Tierra aproximadamente 600.000 años. No aparecieron por generación espontánea ni se produjo un cambio radical que introdujo en el fenotipo de un mono unas gafas de sol, fue una evolución lenta e imperceptible hasta que un inglés se percató hace 200 años. Decimos que el hombre desciende del mono pero también podríamos decir que desciende del pez. Cualquier animal que conozcas, desde tu perro hasta la última rata que viste, tiene un antepasado común contigo: una bacteria. Tu perro y tú sois primos lejanos.

En algún momento de la historia el hombre empezó a sobresalir sobre el resto de las especies por el tamaño de su cerebro y por el lenguaje, que le permitió imaginar cosas abstractas como los símbolos. El hombre continúa ligado al resto de los animales: una camisa te costará más si tiene un cocodrilo o un caballo grabado. No por su calidad, si no por lo que representa ese símbolo (status, poder), de la misma forma que una cresta o un piercing en la frente pretenden transmitir subversión o rebeldía. Todo este conjunto de lenguaje y símbolos que llamamos cultura ha creado cosas como la Asociación Almas Veganas, el lenguaje inclusivo, la monogamia o el autotune.

Es cierto, como dicen las chicas de Almas Veganas, que les humanes somos una especie como cualquier otra (como les gallines), pero también es cierto que somos la única especie que ha dominado al resto, ha creado toda una industria de exterminio de seres vivos destinada a su alimentación y, a pesar de todo, la única que ha empezado a sentir empatía por el resto de las especies. No se conoce a día de hoy ninguna 'Asociación de Leones contra el Sufrimiento de los Antílopes'. Somos, dependiendo del prisma del que se mire, la especie más cruel o la más empática.

Es posible que en los próximos años se propague la noble idea de infligir el mínimo sufrimiento a los animales, o quizás no y sigamos más o menos como hasta ahora. Pero lo que es seguro es que cualquier transformación cultural sucederá de forma arbitraria, como las mutaciones de un gen. Y si por algún motivo, y en contra de toda razón, se continúa creyendo en los designios divinos, sólo recuerdo que no había ningún mandamiento en las tablas de Moisés que dijese "Les huevos para les gallines".