Esta semana Anonymous le ha declarado la guerra al Estado Islámico. Como hombre de guerra que soy, como general de campo de batalla, como aquel niño prodigio que ya enriquecía uranio cuando aún se meaba en la cama hace ya más de ocho años; permitidme que os diga que esto me subleva. Anonymous es una organización de internautas sin organización jerárquica que está presente en todo el mundo excepto en Corea del Norte, donde lo más parecido que tenemos a la fibra óptica son dos yogures atados con una cuerda. Los miembros de Anonymous son gente que cuando se conecta a internet, en lugar de dedicarse a ver porno, a ver el vídeo del pollito o a opinar de cosas que no sabe, como hace todo el mundo, se dedica al ciberactivismo. A realizar acciones contra aquellas organizaciones que considera nocivas. Anonymous ya le declaró la guerra hace años a las organizaciones que defendían los derechos de autor, pero que yo sepa Ramoncín sigue vivo. No serán tan efectivas sus estrategias. Pongámonos serios, ¿cómo va a combatir esta gente a través del ordenador?¿Pegándole con el teclado en la cabeza a los yihadistas? ¿Qué van a hacer? ¿Trolearles? ¿Hacerles que se descarguen la última película de Lars Von Trier para que finalmente el archivo sea un disco de Azúcar Moreno?

 

¿Cómo se van a contar las víctimas en estas guerras cibernéticas? Yo me lo imagino así: “En el bando aliado ha habido cuatro bajas víctimas del troleito”. Imagino que ahora los ataques con misiles Tomahawk serán sustituidos por ataques masivos de invitaciones a Farmville. ¿Dónde se enviarán ahora los mensajes secretos codificados? ¿En eDarling?

 

Quedan muchas preguntas sin respuesta y sobre todo, antes de trasladar la guerra a internet deberían avisar con tiempo a los participantes. Yo por si acaso voy a ir poniendo los tanques en Wallapop por si tengo que comprarme un Pentium.