Liopardo

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La depresión y el imperio

La depresión y el imperio
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Estoy deprimido, estoy chof. A veces, desde lo alto de la cima, uno puede ver como su imperio de desmorona, cual Pablo Escobar en sus últimos días, rico y poderoso pero huyendo de una tragedia inevitable. Por un lado esta semana ha vuelto a desertar otro de mis hombres de confianza, mi médico. No hace tanto estuve en su consulta y no percibí nada extraño en él, tuvimos una conversación habitual y profesional. Líder, tiene usted hipertensión arterial. Doctor, ¿vamos a morir? Pero en cuanto baja un poco la producción de arroz, todas las ratas huyen del barco. La huída de mi médico personal no es tema baladí, no sólo ya porque conoce mi historial, sino porque además era el encargado de administrarme los valiums y los actimeles. Aún no he encontrado un súbdito con tacto suficiente para administrarme los supositorios.

 

A esta tragedia personal se le une la política. Tradicionalmente los dos grandes bastiones del socialismo internacional son Corea del Norte y España del Sur. La lideresa socialista andaluza ha obedecido mis orden de evitar a toda costa que se produzcan elecciones, la parte que se le ha olvidado es que era ella la que tenía que gobernar. El socialismo español se ha dividido entre el sector pedrista y el sector crítico, “los guapos” y “los andaluces” (andaluces no como antónimo de guapos, que los andaluces sean feos es una mera casualidad). La división del socialismo español, uno de nuestros grandes aliados, es una horrible noticia para el socialismo internacional.

 

Norcoreano | Madrid | 26/02/2018

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