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Jong Won: Kim Jong-dos

Así es Jong Won, el nuevo número dos de Corea del Norte, en su única imagen de archivo.

Imagen de archivo de Jong Won

KCNA Imagen de archivo de Jong Won

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Llega un momento en la vida en el que uno tiene que dar un paso a un lado, irse a jugar al golf, y dejar que la nueva generación coja las riendas de la política. Ese momento a mí me ha llegado a los 37 años. La pandemia me ha ayudado a conocerme a mí mismo y descubrir que me gusta estar sentado. Dirigir un país requiere atención constante, es estresante.

Hay días que me acuesto a las cuatro de la mañana firmando actas de ejecución y a las ocho tengo ensayo nuclear. Son sólo cuatro horas de sueño más las otras cuatro de siesta. Por eso esta semana he anunciado el nombramiento de Jo Yong Won como nuevo número dos del régimen, Kim Jong-dos le hemos bautizado.

Yong Won es un militar de esos que lo son por vocación, con sus ocho años de mili obligatoria. Ni rechistó cuando, siendo campesino, dejó su trabajo y fue llamado a filas porque no había arroz que recoger. Desde entonces ha sido una persona cercana, mi chófer concretamente. 24 horas al día con el tanque aparcado en la puerta del palacio Ryongsong por si necesitaba trasladarme al aeropuerto de urgencia o si me quedaba sin tabaco y teníamos que ir al estanco. Los días de lluvia además con la tapa del tanque bajada y sólo un par de crucigramas, toda una prueba de fidelidad. Ese es Yong Wong, un hombre que me ha demostrado con creces su confianza a lo largo de los años.

Un hombre con la pureza de la inocencia, os he dejado la foto de Yong Wong el primer día que vio un pez (pensaba que era un animal mitológico), no os quiero ni contar la cara que puso cuando lo probó, tres años más tarde. Le fascinó tanto la lubina que se empeñó en que todos los norcoreanos tenían que comer peces, el clásico idealismo político de la juventud. Me costó convencerle de que el pueblo estaba bien comiendo algas, que el futuro era vegano y microbiótico, y que Ángel León te cobraba 200 napos por un plato de esos 'hierbajos del mar'.

Pero ahí descubrí ese poderoso ímpetu reformista, utópico, ahí supe que era momento de delegar, dejarle volvar por libre y confiar en su buen juicio para ejecutar las cosas que yo decidiese. Ahora tenéis Kim Jong-un y Kim Jong-dos, no me esperéis en la próxima cumbre del G-20.

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