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Jesús: pasión, muerte y resurrección

Norcoreano repasa desde el humor a Jesús Gil.

Jesús Gil

EFE Jesús Gil

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Estamos a solo dos semanas de Semana Santa y hoy quiero hablar de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. De Jesús Gil concretamente, que vuelve a la actualidad tras anunciar una productora americana un documental sobre su vida.

 

Para quienes no le conozcan, habría que introducir a Gil explicando que Berlusconi fue una copia barata suya, que el personaje de Torrente está inspirado en él y que su partido político se llamaba Grupo Independiente Liberal (G.I.L). Jesús Gil fue presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, probablemente el combo laboral más espectacular de todos los tiempos tras el de Brian May (doctor en astrofísica y guitarrista de Queen).

Hoy se habla del populismo como un fenómeno emergente pero hace casi 30 años un hombre llegó a la alcaldía de Marbella prometiéndole una casa con piscina gratis a cada marbellí. Ya en el poder creó una especie de GESTAPO en una ciudad de poco más de 100.000 habitantes y su primera medida como alcalde fue cambiar el Ford Granada por un Rolls Royce como coche oficial “para no pillar pulgas“. Gil fue probablemente el alcalde que menos ha pisado un ayuntamiento, decía tener miedo de que los comunistas le pegasen el sida. Cuando hablamos de Jesús Gil hablamos de un visionario que en tiempos en los que no existía internet creó un programa de televisión en el que lanzaba proclamas desde su jacuzzi, rodeado de chicas en bikini en una televisión nacional. Fue el primer youtuber y la última gran estrella del rock, además cuenta con el honor de tener una estrella en el paseo de la fama de la corrupción: consiguió las primeras diligencias por un delito urbanístico en la historia de España.

Jesús Gil | EFE

Me gusta imaginarme a Don Jesús en estos tiempos de medias tintas en un debate electoral. Se presentaría con un chándal del Atleti abierto dejando ver seis cadenas de oro. A Ana Pastor le diría “Escúchame un momento, guapa“. A Pablo Iglesias le colgaría un pin de la falange en la camisa sacándole una sonrisa y diciéndole “Pero si yo soy más comunista que tú, Pablito“, y a los otros cuatro candidatos les llamaría todo el rato por el nombre de otro. Al salir del plató repartiría billetes de 50€ entre los allí presentes. Estamos hablando del único hombre que podría plantarme cara en unas elecciones, de un animal político.

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