Recuerdo perfectamente mi primera vez: estaba tan nervioso que no conseguía sacar el proyectil de la funda, pero finalmente ahí estaba, alargado y con la cabeza resplandeciente y brillante. Apunté al cielo y lo vi despegar. Fue este martes, el martes probé por primera vez un misil balístico intercontinental. La prueba de un misil en Corea del Norte es una de esas noticias que se tornan habituales, como la subida de las temperaturas en verano o el positivo en una prueba de paternidad de Julio Iglesias, pero esta vez se trata de algo especial: un misil balístico capaz de alcanzar Estados Unidos. Quizás no Estados Unidos al completo, pero sí Alaska y Hawái, estamos hablando de que ahora los norcoreanos tenemos la capacidad de destruir en solo segundos a toda la población de osos polares o varones con falda estadounidenses.

 

A la criatura en cuestión la he llamado “Hwasong-14“, Hwasong porque buscaba una palabra que describiese mi personalidad, y “14“ en homenaje a mi ídolo, José María Gutiérrez “Guti“. Básicamente, un misil balístico intercontinental es una ojiva capaz de albergar una cabeza nuclear y de soportar entrar y salir de la atmósfera sin constiparse, por lo que para conseguirlo, debes reducir el tamaño de la cabeza nuclear al máximo, construir una cabeza nuclear que pase por la puerta del Imaginarium.

 

Trump ya ha contestado en Twitter preguntando si no tengo nada mejor que hacer. Pues mira, hasta la semana pasada los martes tenía pilates, pero ya hemos hecho las vacaciones y ahora hay que buscarse nuevas actividades hasta septiembre.