Subía ayer como cada mañana a lomos de mi corcel hacia el monte Paektu cuando de repente me encontré allí a todo el equipo de fotografía del ministerio de Propaganda. Parece ser que se perdieron camino al trabajo y terminaron allí. Quiero matizar esto porque la propaganda tiene muy mala fama y habrá gente que piense que las imágenes difundidas ayer por el régimen estaban pactadas. Nada más lejos de la realidad, fueron fruto de un encuentro casual que al final aprovechamos para que el pueblo me viese vestido de Dolce&Gabanna.

Me gusta subir el Paektu porque en las ciudades ya casi no se puede respirar entre las centrales nucleares y el metano de los carruajes de bueyes. Es una pequeña ruta de 250 km, 15 minutos para subir y 7 para bajar cuando Misilito coge carrerilla. Hay un par de puertos complicados pero nada que no subiese Pantani puesto de EPO. El caso es que cuando ayer coroné la cima no me esperaba tanta cámara. Saludé a los súbditos y se les ocurrió la idea (ya que estábamos ahí) de hacer la sesión de fotos para el christmas nacional. Accedí pensando que sería un momento pero una vez que nos pusimos ya terminé renovando la foto del DNI y cuando me di cuenta estaba posando para el calendario Michelin 2020.

Fotografía suministrada por KCNA de Kim Jong-Un a caballo | EFE

No soy muy de posar pero cuando eres mariscal es algo que va con el cargo. Al final aprendes algunos registros: ‘mirada al infinito con el pulgar rozando labio’, ‘morritos reflexionando’ y ‘preguntando a plebeyo por sus problemas pareciendo interesado’. La sesión dio para mucho, tanto que sacamos dos portadas de Vogue Korea: una a lo Jon Snow llegando a Invernalia y otra mía haciendo un trompo a lomos de misilito. Uno sube al monte buscando alejarse del mundanal ruido y al final resulta que allí encuentra la civilización. La vida es una caja de sorpresas.