Esperanza Aguirre ha vuelto al foco mediático por doble partida esta semana, la primera para protestar por la peatonalización de la Gran Vía madrileña que impide entre otras cosas a los madrileños aparcar en doble fila y arrollar la moto de un policía cuando salgan huyendo. La segunda para quejarse de los bajos sueldos de los políticos que casi no llegan a fin de mes y tienen (en sus propias palabras) que comprar ropa low cost en el Primark.

Esperanza lleva razón, los políticos estamos tiesos. Yo personalmente tengo algunas propiedades: el Palacio del Sol de Kumsusan, 33 mansiones de 9.000 metros cuadrados de media y las escrituras del país (que las tengo a mi nombre), pero lo que viene siendo de liquidez estoy a cero. Este mismo mes he tenido que cortarle el grifo de cereales a cuatro provincias para comprar los regalos de Reyes de mis sobrinos. Una situación parecida a la que vive Esperanza, que con 94.000€ anuales de sueldo en la política tenía que aceptar la humillación de que la Comunidad de Madrid pagase los recibos de luz de su palacete en el centro de la capital madrileña. Cuentan que cuando la multaron aparcando el doble fila venía de Cáritas con el maletero lleno de bolsas de macarrones en un Dacia Sandero. A pesar de ello quiero aprovechar estas líneas para recordar a los que verdaderamente sufren dificultades.

Como sabéis en Corea del Norte continuamos teniendo problemas para abastecer de comida a la población y creo que estas tan señaladas que se aproximan son el momento ideal para reforzar la solidaridad entre pueblos. Lanzo aquí una llamada de ayuda a las organizaciones internacionales para que nos ayuden con los problemas de abastecimiento. Gambas, centollos, cigalas, langostinos tigre, nécoras, percebes, carabineros, vieiras, bogavantes, huevo hilado… Cualquier ayuda por pequeña que sea es bienvenida para satisfacer las necesidades básicas de los proletarios. Que al menos esta Navidad los pueblos del mundo nos unamos como se ha unido España a favor del repartidor en el vídeo del caranchoa.