Esta semana he enviado al número 3 de mi régimen (Choe Ryong-hae) a una granja de trabajo. Choe estaba a cargo de una planta hidroeléctrica y los medios de manipulación imperialistas han filtrado que lo he desterrado por su mala gestión. Es verdad que el muchacho no le pasaba el limpiafondos a la planta cada 20 minutos como le pedí, ni se levantaba a media noche a echarle el cloro como también le había ordenado, pero nada más lejos de la realidad. Le he enviado a la granja para que se tome las merecidas vacaciones que el pobre que no se ha tomado en 30 años. Para que recupere el contacto con la naturaleza a través de los animales. De hecho he diseñado especialmente para él un calendario de actividades: levantarse a las cinco de la mañana para ordeñar las vacas, fregar el granero con un buen estropajo de segunda mano, recoger a mano el estiércol de los cerdos para que conserve sus propiedades como abono, lavar las patas traseras a los caballos esquivando las coces… Esas pequeñas emociones que te mantienen proactivo en el entorno laboral.

 

La idea es que Choe retome el contacto con la madre tierra, que no olvide que a pesar de vivir en un país avanzado como Corea del Norte, que dispone de tecnologías punteras como intranet, el Teletexto, el brasero, la navaja-llavero o ese aparato que llevamos todos en el bolsillo para comunicarnos (el busca), procede del mono como cualquier ser humano, especialmente Obama. Espero que Choe no interprete esto como un castigo y lo interprete como lo que es: una reorientación laboral. Un retiro dorado, alejado de la contaminación de los núcleos urbanos. Que te vaya bien, Choe. A ver si la esta vez no te escaqueas y trabajas tus 20 horitas diarias.