Como aficionado a las ciencias políticas, esta semana he estado estudiando un viejo libro de la Biblioteca Juche de Pyongyang para entender cómo funciona el proceso electoral español, aprovechando la jornada electoral del pasado domingo. Aquí os dejo un pequeño resumen de los complejos procesos que siguen los eurolatinos para formar gobierno: Cuando lleva cuatro años gobernando, el presidente vigente convoca elecciones. Ya sabéis que en España hay mucha precariedad laboral y los gobernantes sólo tienen contratos de cuatro años, en lugar del indefinido que tengo yo aquí. Los candidatos realizan realizan la ruta de la campaña electoral por ley que tiene un mínimo de tres paradas obligatorias: astilleros, una finca de melones o alcachofas de Albacete y El Hormiguero. Los proletarios van a votar un domingo. Algunos de ellos están obligados a trabajar en los colegios electorales, lo que viene siendo un trabajo forzado como los que impongo yo aquí, pero ahí la ONU hace la vista gorda. Los votos se transforman en escaños y cada partido que se presenta a las elecciones consigue un número diferente de ellos. Hay 350 en total. Una vez repartidos los escaños, se saca un aparato llamado “el pactómetro”. El pactómetro es una calculadora de tecnología española que hace sumas de escaños de partidos para encontrar una que de como resultado al menos 176. Hay sólo ocho partidos con escaños y las posibles sumas son pocas, pero el pactómetro puede tirarse hasta seis meses procesándolas. Ya sabéis cómo es la tecnología española, los dos inventos más famosos son la fregona (un palo atado a una balleta) y el chupa-chup (un palo atado a un caramelo). Pasado un tiempo el Rey ofrece a un candidato formar gobierno, si el candidato acepta se juntan una tarde a merendar en el parlamento todos los diputados, el candidato da un discurso de seis horas y cuando terminan, votan y no de da mayoría para gobernar. Al candidato se le había olvidado comprobar el pactómetro. Vuelven a negociar unas semanas: "Yo te doy una vicepresidencia y tres carteras y tú me das un referéndum". "Tú me das reforma laboral y te una ley de educación y yo te doy los cromos de Suker y Mijatovic". Tras este punto el pactómetro se bloquea y hay reiniciarlo y convocar elecciones. Vuelta al punto uno.