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Donald Trump y la mouriñización de la política

El analisis de @norcoreano de las elecciones en Estados Unidos.

Donald Trump

EFE Donald Trump

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En 2010 llegó al Real Madrid un entrenador portugués con fama de competitivo que durante los siguientes años se frustró por no poder vencer al gran rival, superior en aquella época. De las innumerables derrotas que sufrió contra el Barcelona, ninguna fue justa. Una fue culpa de una roja injusta, otra de un penalti, otra de un árbitro noruego que veraneaba en Barcelona y otra de un complot entre la UEFA, los árbitros, Unicef y la masonería para que su equipo perdiera. Sus seguidores lo creían por la misma razón que todo el mundo cree cuando suspende que el profesor ha sido injusto. Diez años, una crisis financiera, una pandemia y un boom de las redes sociales después, la política ha completado su proceso de mouriñización con Donald Trump en estas presidenciales de 2020.

 

En política hay que ir de frente: o te presentas a unas elecciones o no te presentas, o las amañas o no las amañas, o las ganas o las pierdes, pero si pierdes hay que saber perder. Se lo comenté a Trump cuando nos vimos en Singapur: “Ojo con convocar elecciones que lo mismo se te presenta alguien“, y así ha sido. Trump ha estado hasta lento a la hora de proclamarse ganador, yo en Corea lo hago antes de abrir las urnas. Ya no hay nada que hacer, el vejestorio le ha pasado por delante. Ahora sólo queda llorar, pedir el VAR en Wisconsin y el ojo de halcón en Misuri. Trump me ha decepcionado, ha sido un quiero y no puedo. Ni autócrata ni demócrata, ni rubio ni pelirrojo, ni fu ni fa. No ha sabido ni parar el recuento cuando iba ganando, que también fue algo que hablamos: “Cuando vayas por delante en Michigan: le pegas un codazo a un delegado electoral, pecheo, amenazas, disturbios, llegan la poli, cierra los centros y final del partido, como los futbolistas cuando se van con el balón al córner“. Ni por esas, no ha sabido escuchar los consejos de un tío que ha ganado ya tres legislaturas con más votos que electores y ya tiene preparado el escrutinio de otras tres que todavía no se han celebrado.

Adiós Donald, me acordaré de ti por la paella que compartimos en Singapur y por ser lo más parecido a una persona normal que ha habido en la presidencia de Estados Unidos, pero te ha ganado las elecciones un tío que ya miraba obras cuando estaban construyeron el Golden Gate. No has estado a la altura de la historia.

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