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Cuentos tóxicos: un colegio ha vetado el cuento de Caperucita Roja por sexista

Un colegio de Barcelona ha vetado el cuento de Caperucita Roja por sexista y lo ha retirado de su catálogo junto a otros 200 títulos que también considera tóxicos.

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 Madrid | 11/04/2019
Caperucita roja
Caperucita roja | Pixabay

Un colegio de Barcelona ha vetado el cuento de Caperucita Roja por sexista y lo ha retirado de su catálogo junto a otros 200 títulos que también considera tóxicos. Desconozco los motivos que los han llevado a tomar esta decisión, pero se me ocurre que el lobo ejerce el papel dominante en la historia, que consigue engañar a Caperucita (lo que insinúa que es más listo que ella) y que hace apología del canibalismo con connotaciones sexuales. El lobo pudo comerse a Caperucita por el camino pero prefirió engañarla para llegar antes que ella a casa de su abuela, comerse a la abuela, disfrazarse de mujer con su ropa y, esta vez sí, comerse a Caperucita ya en la cama.

Caperucita no es el único cuento sexista. Las villanas de Blancanieves y Cenicienta eran mujeres (sus madrastras) y sólo gracias a un hombre las princesas encontraron la felicidad. En el cine más de lo mismo, cuando en Titanic Jack le cede a Rose la tabla está reproduciendo roles de género al asumir que como hombre le corresponde cederle el puesto a la dama. Podrá morir congelado por amor, pero no deja de ser un cerdo sexista. El mensaje de Pretty Woman podría ser que las mujeres son felices con dinero y ropa. Hay dos motivos que sostienen este tipo de teorías: el primero es que realmente hemos vivido en una sociedad machista y eso se refleja en cualquier producto cultural, el segundo es que sobreanalizando cualquier historia, uno podría sacar casi cualquier conclusión que quisiese. Ahí tenéis el éxito teorías conspirativas del 11-S, la muerte de Elvis o el terraplanismo. Es lo que los argentinos llaman la construcción del relato.

 

El meme de moda (la fotografía de una familia sujetando una paella mientras la tiran) podría ser perfectamente una escena machista. Por un lado vemos a dos jóvenes posando con una paella y atribuyéndose el mérito, por otro lado vemos a la madre que está poniendo la mesa (trabajo doméstico) y es la única que está preocupada porque los jóvenes la estén tirando (probablemente porque la cocinó ella), y por último vemos al patriarca de la casa ajeno a cualquier tarea doméstica leyendo el periódico despreocupado. Podríamos demostrar también si quisiésemos que Caperucita no es un cuento heteropatriarcal puesto que el lobo pudiendo comerse a Caperucita en el bosque prefirió ir a la casa de la abuela, comérsela y ponerse su ropa. El travestismo del lobo hace que su perfil no encaje con el de un hombre cis heterosexual. Con cierta creatividad podemos defender prácticamente cualquier idea que queramos, que por suerte estamos en 2019 y no faltarán idiotas dispuestos a ponerse de nuestro lado.

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