Todo ha explotado esta semana, un periodista británico lanzó un tuit calificando a las patatas bravas de “patatas fritas con ketchup”. La respuesta española no se hizo esperar: exigieron una rectificación inmediata al Número 10 de Downing Street que aún no se ha producido. Estamos pues ante un atisbo de guerra, eso sí, entre dos países tercermundistas que no disponen de armamento nuclear.

 

La disputa entre eurolatinos y anglopelirrojos viene de lejos y se debe en gran parte a Gibraltar, un territorio de ultramar situado geográficamente en España pero perteneciente a Reino Unido. Gibraltar tiene un interés estratégico para los españoles por dos razones: porque allí está ubicada la única reserva en cautividad de monos “Macaca sylvanus” que come Cheetos y roba bolsos de toda la península ibérica, y porque tienen el paquete de Ducados a tres euros. La escalada de tensión ha sido progresiva, ambos países han sido previsores y se han preparado para un posible conflicto.

El gobierno británico envió hace décadas una partida de jubilados a vivir a Benidorm y la Costa del Sol. El gobierno español contestó, ya en este milenio, enviando a licenciados en Filosofía y Bellas Artes a fregar platos a Londres con la excusa de la crisis. Reino Unido quiso replicar el movimiento español, pero sabiendo que no sería creíble que sus jóvenes viajasen a España a buscar trabajo, se inventó la excusa de Magaluf. Todos esos adolescentes ingleses que ves en las noticias fingiendo que disfrutan emborrachándose y haciendo orgías son en realidad los mejores alumnos de la London Academy of Music and Dramatic Arts.

Las fichas ya están colocadas en el tablero, ahora queda moverlas. A priori la partida está igualada. España parte con el apoyo de la Unión Europea, pero cuando hablemos de España, debemos recordar que estamos hablando del país que necesitó enviar a la marina a desalojar a cuatro pastores y dos cabras del islote del Perejil. A España le conviene demorar el inicio de la guerra, a los británicos empezarla cuanto antes para que no le suceda lo que a los nazis con el invierno ruso pero a la inversa: adentrarse en Córdoba en agosto sin suficientes reservas de Aftersun. Por ahora el resto de países permanecemos expectantes. En caso de que den comienzo las hostilidades, yo ya he anunciado que permaneceré imparcial: bombardearé a ambos bandos por igual.