España es un país tercermundista con un viejo sistema político de más de 2500 años (la democracia) que celebra periódicamente un rito tradicional común entre muchas tribus occidentales: las elecciones. Este rito consiste en introducir un papel en una urna, los occidentales creen que esta ceremonia les revela el nombre del que debe ser el jefe de la tribu, el que ellos llaman "Presidente". El presidente debe cumplir un ritual de iniciación para convertirse en líder de la tribu: botar en un balcón mientras la tribu le jura fidelidad al grito de un viejo cántico: "¡QUE BOTE EL PRESIDENTE, QUE BOTE EL PRESIDENTE!".

 

Como todos los ritos mágicos, el ritual electoral es una creencia mística carente de autenticidad que a menudo provoca que clanes rivales de la tribu interpreten el oráculo de las urnas de distinta manera. Tras una guerra en la que ningún clan ha conseguido arrancarle la coleta o la barba al líder rival, los líderes deberán sentarse en la mesa de negociación para hablar. Los elementos necesarios para que la negociación fructifique dependen de cada época del calendario tribal, en esta época concreta la mesa debe disponer de langostinos tigre, almejas machas, mantecados, turrón y mazapán.

 

Las tribus intentan evolucionar abandonando organizaciones comunales obsoletas como el bipartidismo para abrazar los modelos de organización que predominan en sociedades modernas como Corea del Norte: el monopartidismo. Por desgracia, algunas tribus, aunque hace ya tiempo que descubrieron el fuego, aún no han probado ponerlo debajo de una caldera para fisionar átomos o enriquecer el uranio.

 

La tregua que han firmado los clanes españoles para firmar la pipa de la paz terminará el día en el que los miembros de la tribu, excepto los de los clanes sureños (los andaluces) intenten atragantarse tragando doce uvas en doce segundos para entregar su alma al año vencido.