El carnaval de Venecia marca el comienzo de la temporada alta en una de las ciudades más visitadas del mundo, con multitudes de turistas que recorren el Gran Canal en vaporettos, pasean por las calles de piedra y dejan pasar el tiempo en pintorescos cafés.

En la época del coronavirus, sin embargo, Venecia es una sombra de sí misma, con plazas vacías, basílicas cerradas y gondoleros que no tienen trabajo. La epidemia de cólera que azotó la ciudad en la novela de Thomas Mann “Muerte en Venecia” se ha vuelto real en la forma del COVID-19 que ha ahuyentando a los turistas.

Era el 21 de febrero cuando el primer ministro Giuseppe Conte anunciaba los dos primeros casos de infectados en Venecia. Desde entonces Venecia tiene muy poco movimiento. Solo los residentes y algún turista intrépido luciendo mascarillas disfrutan de la belleza de la ciudad. La tienen toda para ellos: Rialto, el Puente de los Suspiros, las palomas de la Plaza de San Marcos.

En medio de esa Venecia que el coronavirus dejo vacía de turistas un dentista y fotógrafo aficionado llamado Paride Zappavigna visitaba la majestuosa ciudad desierta. El 29 de febrero capturó estas impactantes imágenes de las calles vacías, las góndolas sin pasajeros y los camareros sin nadie a quién atender en las terrazas.

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