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Hizo un experimento sobre sexismo con una compañera de trabajo y se llevó una triste sorpresa

Hizo un experimento sobre sexismo con una compañera de trabajo y se llevó una triste sorpresa

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Liopardo | Madrid
| 27.02.2018 03:54
Martin R. Schneider es un bloguero que vive en Filadelfia (Pensilvania, Estados Unidos) al igual que su mejor amiga Nicole Hallberg. Hace tres años trabajan juntos en una ETT intermediando entre empresas y desempleados cuando un día sin querer sucedió lo siguiente.

 

Esta es la pequeña historia del momento en el que @nickyknacks me enseñó lo imposible que le resulta a las mujeres recibir el respeto laboral que merecen:

 

Nicole y yo trabajábamos en una pequeña empresa de servicios laborales. Siempre recibía una queja de nuestro jefe: tardaba mucho en el trabajo con los clientes.

 

(Este jefe era un loco de la eficiencia y un gilipollas enamorado de la economía, pero esa es otra historia).

 

Como supervisor de Nicole, pensaba que estos fallos suyos eran poco importantes. Pensaba que el motivo por el que yo hacía las cosas más rápido era porque tenía más experiencia que ella.

 

Al final me pasaba mucho tiempo controlando sus tiempos y agobiándola porque me obligaba mi jefe. Los dos lo odiábamos y ella hacía todo lo posible por acelerar su forma de trabajar.

 

Un día me estaba mandando correos con un cliente sobre su currículum y me estaba resultando IMPOSIBLE. Era antipático, despectivo e ignoraba mis preguntas.

 

Me estaba cansando de sus tonterías cuando me di cuenta de algo. Debido a nuestra bandeja de entrada compartida, estaba firmando todos los correos como 'Nicole'.

 

El cliente estaba siendo desagradable con Nicole, no conmigo. Asi que por curiosidad le respondí "Hey, soy Martin, estoy llevando este proyecto de Nicole".

 

MEJORA INMEDIATA. Respuestas positivas, me agradecía mis sugerencias, me respondía rápido, me decía "¡buenas preguntas!". Se convirtió en un cliente modelo.

 

NOTA: Mi técnica y consejos nunca cambiaron. La unica diferencia es que ahora tenía nombre de hombre.

 

Así que le pregunté a Nicole si esto le pasaba siempre. Me dijo que "No SIEMPRE... pero sí. Mucho".

 

Hicimos un experimento: durante dos semanas, nos cambiamos los nombres. Yo firmaba todos los correos a clientes como Nicole y ella como yo. Amigos. Fue horrible.

 

Era un infierno. Todas mis preguntas o sugerencias eran cuestionadas. Clientes que normalmente manejaba a toda velocidad se volvieron complicadisimos. Incluso uno me preguntó si estaba soltera.

 

Nicole tuvo la semana más productiva de su carrera. Entonces me di cuenta del motivo por el que ella tardaba más haciendo el trabajo era porque tenía que convencer a los clientes de que la respetasen.

 

Para cuando ella había conseguido convencer a un cliente de que sabía lo que estaba haciendo yo ya estaba con el siguiente cliente.

 

Yo no era mejor que ella haciendo el trabajo, simplemente tenía esta ventaja invisible.

 

Pero lo que verdaderamente me sorprendió. Ella estaba acostumbrada. Simplemente, entendía que era parte del trabajo.

 

(Quiero decir, sabía que estaba siendo tratada diferente por ser una mujer, no es tonta. Simplemente lo asumía como normal).

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