Un grupo de rap latino subió al metro de Barcelona y empezaron rapear improvisando. La gente en el vagón seguían absortos en sus móviles, su música y sus libros, sólo unos pocos prestaban atención a la actuación. Lo que vino a continuación fue lo sorprendente. Uno de los viajeros sacó el móvil para grabar al grupo, y se encontró que, de repente, una pareja de ancianos se animó dejaron sus asientos libres y se pusieron a bailar en medio del vagón.

 

En primera estancia, el hombre se levantó y le pidió a su mujer que le concediera ese baile. Ante el rechazo de esta, el anciano, ni corto ni perezoso, decidió sacar a bailar a una joven que estaba enfrente. Los celos subieron por las carnes de la señora, que al ver a su marido bailar con una jovencita, saltó como un resorte hacia un joven invitándole a bailar con ella.