Liopardo

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Querido Álvaro Ojeda

Querido Álvaro Ojeda
ÁLVARO OJEDA
ÁLVARO OJEDA | ÁLVARO OJEDA
Querido Álvaro Ojeda. Ya no eres aquel chico que llegó a Internet con una maleta cargada de sueños y que se grababa a sí mismo golpeando una mesa mientras gritaba cosas sin sentido, insertando a voces cada 15 segundos las palabras ESPAÑA o COJONES. Ya no eres indie. Ahora eres una estrella que brilla con luz propia. Has tocado el techo de la gloria. Hace un año, tus vídeos hablando de que Carmena iba a acabar con la Navidad de ESPAÑA (golpe a la mesa) o que los griegos eran unos mangantes COJONES (golpe a la mesa) que nos tenían que devolver 600 pavos a cada ESPAÑOL (golpe a la mesa) se disfrutaban de una forma íntima, entre amigos que se echaban una cerveza, un vino y unas risas, mientras negaban con la cabeza mirando la pantalla del móvil. Lo recuerdo como si fuera ayer mismo. Eras un placer culpable para una minoría entre la que me encontraba. En mi grupo de amigos, siempre había algún despistado que preguntaba “¿pero es así en realidad o está de broma?”. Hoy hablan de ti los programas de la tele. Toma, broma, chaval. En toda la puta boca la broma, COJONES (golpe a la mesa). Has demostrado que nada detiene a un español con cojones que sabe cómo darle hostias con la palma de la mano abierta a una mesa. Ole ahí tus huevos toreros, Álvaro. Toda estrella tiene su padrino, esa persona que sabe ver el talento donde otros sólo ven un tío gritando tonterías y dando hostias como el niño alemán del vídeo. Tú tuviste la suerte de que Eduardo Inda y su amor por el oficio del periodismo se fijaran en ti y te dieran la oportunidad de jugar en Wembley. Puedo imaginarme el primer encuentro entre titanes. – Álvaro, ¿eres de verdad o de coña? – De verdad, señor Eduardo, ¿usted también? – Tan de verdad como que Venezuela tiene la bomba atómica o que Carmena quiere romper España, crack. – Es usted muy top, hágame suyo, señor Inda. – Abrázame fuerte por España y nunca me sueltes, Álvaro. En ese momento os fundisteis en un abrazo español, Eduardo sacó una copa de Soberano, lo uno llevó a lo otro y acabaste con un micrófono del periódico de Inda en mitad de la calle increpando a chavales de una cabalgata de Reyes Magos, porque no salían en ningún pasaje de la Biblia. Eres grande, Álvaro. Hubo muchos, entre los que me encuentro, que, tengo que reconocerlo, dijimos: “sin darle golpes a la mesa no va a saber hacerlo, ya verás, en la calle no va a saber hacerlo” Cómo nos has cerrado la boca, Álvaro... Vaya si sabías hacerlo. Lo de la cabalgata, tu salto al olimpo de los dioses, es sólo el principio de mucho más, espero. Mira Javier Cárdenas. Haces disfrutar a mucha gente, Álvaro. Tienes una gran responsabilidad y espero, como seguidor tuyo desde los orígenes, que la fama, el éxito o trabajar en un periódico, no cambien nunca esa forma espontánea y natural que tienes de gritar cosas sin haberlas pensado mucho. Nunca dejes de dar golpes, ya sea a una mesa o al sentido común, no dejes de acusar de podemita, venezolano o de la URSS a todo aquel que no te guste. Nunca dejes de gritar que eres ESPAÑOL aunque sea evidente que no venga a cuento hacerlo (mientras te renuevas el DNI, por ejemplo). Y sobre todo, nunca dejes de perseguir tus sueños y de hacernos felices a los que disfrutamos de ver cómo lo consigues. Y a Copérnico, que le den por culo, que era polaco como Luis Enrique, Piqué, Dalí y su puta madre, COJONES. LEER: Querido Jorge Cremades

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| 20/06/2019

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