Liopardo

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Peinados presidenciales (rastas de otro tiempo)

Peinados presidenciales (rastas de otro tiempo)
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Adolfo Suarez (1976-1981)

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Adolfo Suárez, un hombre de centro hasta en el peinado. Ponte la raya en medio, Adolfo, le dijeron los asesores de imagen que le aconsejaban cómo hacer correctamente la transición del Franquismo a la Democracia. Si me pongo la raya en medio voy a parecer un puto cantante de los Backstreet Boys, respondió solemne el primer presidente de la restaurada democracia, dejando callados a sus asesores que no quisieron parecer idiotas preguntando qué era aquello de los Backstreet Boys, pregunta que hubiera tenido mucho sentido ya que a finales de los 70s a aquella banda le faltaban unas cuantas décadas para existir. Todo un golpe de suerte el que tuvo Adolfo Suárez lanzando este farol y recibiendo la callada por respuesta, que le sirvió para poder mantener esa imagen de Cary Grant español que entusiasmaba a las nenas de centro democrático setenteras y escandalizaba a algún que otro residuo franquista, acostumbrado a la calva de 40 años. Suárez, estratega de un nuevo tiempo, cambiaba la raya de lado según el devenir de los acontecimientos. La raya a la derecha del tipo "¿franquismo?, sí, me suena de algo" dejó paso un tiempo después a la raya a la izquierda del tipo "Carrillo vente a casa a tomar unas copas". Calvo-Sotelo (1981-1982)

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El gobierno de Adolfo Suárez dejó paso al de Leopoldo Calvo Sotelo, que, coherente con su apellido, lucía pelusa presidencial en el último cuarto del cráneo, dejando las tres primeras cuartas partes espacio libre para el destape, tan de moda en la época. Su presidencia fue como su peinado: corta y sin mucho que comentar. Felipe González (1982-1996)

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Huele a pana, qué mal huele la pana, qué pestazo a pana por dios, que se laven, gritaba Pilar Cernuda cuando vio entrar por primera vez al melenudo Felipe González al Congreso de los Diputados. Uno piensa hoy en Felipe González y se lo imagina sentado sobre la popa o la proa o como cojones se llame esa parte del yate, con su pelo ya corto y blanco de tanto ser consejero de cosas, mientras por el móvil repite palabras como compra o vende. Pero la realidad era otra hace unas décadas. El joven Felipe que en la facultad de Derecho lucía peinado del tipo soy de los guays y lo sabes, llegó a presidente del Gobierno petándolo fuerte. Petándolo muy fuerte para ser más exactos. Si hubiera existido Twitter o Instagram a principio de los 80s, Felipe tendría más seguidores que Justin Bieber y Paris Hilton juntos, porque Felipe era The Fucking Cool Guy. Felipe hubiera subido a Twitter selfies junto a Alfonso Guerra en algún concierto de Mike Ríos y hubiera reventando la red con sus melenas a lo Carlos Baute (venezolano como Felipe ahora) y usando el hashtag #ConciertoDabuten todos los Felipers hubieran vibrado en torno al líder ochentero. José María Aznar (1996-2004)

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En lo capilar Aznar siguió el camino opuesto a Felipe. Muy unido a Castilla y León en aquel entonces, el expresidente Aznar llegó al Gobierno sin romper las normas, con el único peinado legalizado en Valladolid durante los años 80s y 90s, el peinado de ausencia de patillas jipiosas, flequillo al lado y raya bien marcada a la derecha. El pelo de las patillas era trasplantado normalmente entre la nariz y el labio. El peinado de Aznar decía fíate de mí, soy un chico bueno y educado, si no me crees pregúntale a Carlos el peluquero, que cuando me ve llegar cada mes y medio ni tiene que preguntarme porque sabe lo que quiero: estabilidad en mi cabello. Al contrario que Felipe, al que darle consejos a las grandes empresas tras la presidencia Aznar se sansonizó, con desmelenada melena liberal, aquel liberal que liberalice buen liberador será. Dicen las malas lenguas que Aznar volvió a Valladolid años más tarde y al llegar a la peluquería de Carlos escupió a la entrada y amenazó a su peluquero de toda la vida con externalizarle las tijeras si no le saneaba las puntas ipso facto. Carlos se negó a salir del peinado legal aunque se lo pidiera el expresidente. Hoy día su peluquería es un Starbucks. José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011)

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José Luis Rodríguez Zapatero, alias George Clooney mal. Buenas noches y buena suerte, cerraba ZP en el debate de 2008 en homenaje al actor y director norteamericano que inspiró el look del expresidente Zapatero durante sus años en Moncloa. Pelo corto desenfadado con entradas disimuladas y canas al descubierto, dicen que Zapatero se instaló una Nespresso en su despacho para darle un toque de modernidad globalizada a sus reuniones con dirigentes de otros países. Cuando acababa la reunión, el expresidente solía decir "What else?" y sonreía. Los dirigentes le preguntaban al traductor, que se encogía de hombros. Zapatero seguía sonriendo. Si en Valladolid la patilla se trasplantaba sobre el labio, en el León de la época era costumbre usar el pelo sobrante para decorar unas cejas resistentes al frío que años después inspiraron el emoticono ^^, que quiere decir “What else?". Mariano Rajoy (2011 - ?)

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Un barbudo, qué asco, qué peste, qué peste, gritaba Pilar Cernuda la primera vez que vio aparecer al joven Rajoy por el Congreso, hasta que le explicaron que era barba arreglada y popular. "Rajoy se tiñe el pelo de patilla de gafa para arriba", debería ser la primera entrada que la Wikipedia arrojase al introducir el usuario el nombre del presidente en funciones. Es lo más destacado en lo capilar de un gallego que ni se tiñe ni no se tiñe, al que podemos imaginar en los baños de Moncloa frente al espejo aplicándose  el Just For Men mientras se protege las canas de la barba con un gorro de baño colocado en el mentón con apertura en la boca. Gracias al hueco abierto a la altura de la boca, además de respirar, durante el tintado al presidente en funciones puede fantasear con futuros looks para su retirada: "negro caoba es negro caoba y negro ébano es negro ébano".

Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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