Liopardo

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Joder, ¿en serio?

Joder, ¿en serio?
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- Ha ganado Trump. - Me cago en la puta, ¿en serio? - Te lo juro. Esta conversación ha sido trending topic en todos los ascensores, cafeterías, oficinas, líneas de metro y autobús de España durante esta mañana. Sí, Donal Trump ha ganado las elecciones en EEUU y será el hombre que dirija el país más poderoso del mundo. Evidentemente la noticia no es buena si te gusta ese rollo de los derechos humanos y te da pereza en pleno Siglo XXI la idea de que el planeta dependa de un Hitler de color naranja con una rata amarilla escondida bajo la gorra. Te podía gustar más o menos, pero Hitler tenía unas formas y aspecto elegantes y discretas al lado de este hombre. Pero bueno, es lo que hay. Lo votado, votado está. Y tampoco hay que ponerse ahora a dramatizar a no ser que seas mexicano, musulmán, mujer, negro, migrante… Evidentemente esto trae consecuencias inmediatas que nos afectarán de manera personal a todos, estemos en la diana de Trump, que es lo más probable estadísticamente, o no. Por mi parte se acabó la bromita esa de dejarme bigotillo a lo Cantinflas en mitad del afeitado y salir del cuarto de baño diciendo “qué onda, guey, chinga tu madre”. También tengo claro que no volveré a pedir fajitas ni enchilada por Internet porque Internet deja rastro, ahora tendré que ir hasta el local, y no me pilla cerca. Hasta aquí la parte negativa. La parte positiva es que el ser humano seguramente ha tocado techo. ¿Quieres paz en Colombia? No. ¿Quieres que Reino Unido se salga de la UE montando un pifostio en el que no gana nadie? Venga, va. ¿Quieres que siga Rajoy un poquito más? Por qué no, dale. ¿Quieres que el mundo lo gobierne un puto zumbado que parece que va puesto de vitamina C mezclada con cocaína? Claro, hombre, que no nos falte de ná. Sólo espero que no nos pregunten nunca si queremos que nos caiga un meteorito encima, porque sale que sí, fijo. Otra lectura positiva es que un hombre ha ganado las elecciones más importantes del planeta, siendo él mismo. Si ser uno mismo no es fácil ni para ligar con una persona en un bar, imaginen ser uno mismo y lograr ligarse a 60 millones de personas, siendo abiertamente racista, machista, islamófobo, evasor de impuestos y defensor de la tortura. Y por si fuera poco, teniendo nombre de pato. El tío tiene mérito y es admirable el ejercicio de sinceridad. Con Donald Trump es muy complicado hacer bromas, porque ya las hace él. Este ejercicio de sinceridad ya lo ilustraba él mismo a su forma, tranquilamente y risueño, durante una entrevista mientras en su partido, el Republicano, se disputaban las primarias: “si yo ahora cogiera una escopeta y le pegara un tiro a alguien aquí mismo, en la Quinta Avenida, aún así, ganaría”. (Risas enlatadas. Gente caminando rápido por la Quinta Avenida, por si acaso). Y ganó. Ganó las primarias de su partido y se plantó en la carrera final y siguió siendo sincero. Durante un cara a cara con Hillary Clinton, ésta, que todavía no sabía que el tío era tan sincero, le acusó de no haber pagado impuestos en su vida. Donald Trump no lo negó: “eso es porque soy muy listo”. (Aplausos enlatados. Un inspector de hacienda comiéndose su propio pelo). Que dios bendiga América y nos coja confesados. VER MÁS: Apocalipis Trump, por Diostuitero

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Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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