Liopardo

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Entrevista exclusiva a Obama tras su visita

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En la barra de la cafetería del aeropuerto de Torrejón de Ardoz nos citamos con Barack Obama, presidente de los Estados Unidos de América. En su último acto en España acaba de celebrar una breve reunión con los líderes de los principales partidos de la oposición (Sánchez, Iglesias y Rivera) y se dispone a tomar un café antes de subir al Air Force One para regresar a la Casa Blanca tras su fugaz visita. Gerardo: Muchas gracias por concedernos estos minutos, señor Obama, sabemos de lo limitado de su agenda. Obama: No hay de qué. Me tenía que tomar el café igual. El que ponen en el Air Force es uno de sobre malísimo. No se lo daría ni a los de Guantánamo. Tenemos ahí arriba en el avión una máquina que te mete un misil por el culo en el sofá de tu casa si detecta que escribes un wasap que parezca amenazante, ¿sabes?, pero no tenemos máquina de café, tócate los huevos. Pues eso es un poco Estados Unidos. A ver aquí qué tal -el presidente de EEUU da un sorbo a su taza-. No está malejo. ¿En qué zona de África estamos? Gerardo: Mmmm… en España. Obama: Muy buenos cafés. Los recomendaré. Bueno, venga, dispara. En plan hacer preguntas, no en plan Kennedy, quiero decir –Obama me da un codazo amistoso. Gerardo: ¿Qué tal su experiencia en España? Obama: Si te digo la verdad, el viaje lo han organizado los becarios. En julio metemos a quince o veinte chavales que suelen ser hijos de alguien y entonces las visitas oficiales suelen ser un sindiós. El otro día viene mi señora, Michelle y me dice: “¿tú sabes que Sevilla en verano es como Mordor?”, le digo, no me jodas. Y claro, llamé para anularlo. Me dicen los becarios, ¿y qué excusa ponemos ahora para que no se nos enfaden los nativos? Les digo, coño, pues lo del tiroteo mismo, que más que un sueldo tendríais que tener paga, chiquillos, qué poco le dais al seso. Me desesperan a veces. No les pongo un mono naranja y los mando al corredor de la muerte porque soy premio Nobel de la Paz y me tengo que morder los huevos, pero ganas me dan más de una vez. Gerardo: Desde el punto de vista político, ¿qué tal han sido sus encuentros con los dirigentes españoles? Obama: Pues mira, si te soy sincero no sé ni con quién coño he estado. ¿Tú lo sabes? Gerardo: El que le recibió a su llegada fue el Rey Felipe. Obama: Sí, el niño del Rey sí me sonaba porque a su padre lo conocía de algunas reuniones del Club Bilderberg. Un tío estupendo. Qué risas con ese hombre. Me acuerdo en una reunión de hace unos años la anécdota de la prostituta flotando en la piscina. ¿La contó por aquí? ¿Os la sabéis? Gerardo: Ehmm… Bien. No se puede…. Creo que mejor no… Obama: Tú te lo pierdes. Luego estuve con uno de barbas, así especial. Gerardo: Rajoy. Es el presidente del Gobierno. Obama: No te creo. Gerardo: Sí, Mariano Rajoy es el presidente en funciones y ganó las últimas elecciones. Obama: Yo pensaba que estaba en un acto benéfico -Obama suelta una sonora carcajada que provoca que los del servicio de seguridad den un paso al frente- Cojones, y yo que le decía así muy despacito, la gente como vosotros sois muy especiales para los americanos, os queremos mucho, haremos todos los esfuerzos por una mejor integración. Y él, que sí, que sí, que se integren España y los EEUU, que en España hay muchos españoles, y yo pensando pobrecico el hombre, qué hachazo tiene pegado. Total, que es el presidente. Gerardo: Así es. ¿Alcanzaron algún compromiso bilateral? Obama: Que va. Le dije al acabar, te acercamos a algún lado o viene el autobús a recogerte, pero me dijo no sé qué cojones de fútbol, que yo no me enteré de nada y no quise insistirle, digo no se vaya a poner nervioso o algo. Gerardo: Entiendo. ¿Sabe que acaba usted hace unos minutos de reunirse con los tres principales líderes de la oposición? Obama: Sí, eso lo sabía, porque los del servicio de inteligencia estaban nerviosos con este tema, porque venía uno así un poco rojales, uno de coleta. Me dice McCallagham, que es un armario empotrado que viene conmigo siempre, cuidado con el de la Coleta, que es profesor de una universidad comunista. Le digo, McCallagham, cariño, le llamo cariño así irónicamente para cabrearlo y que se sienta femenino, que sé que le jode mucho. Le digo, cariño, ¿qué precaución tengo que tener con el de la Coleta, que me mate de aburrimiento regalándome un libro? Coño, pues dicho y hecho. De verdad, son iguales en todos lados, en la Universidad de Boston lo mismo, todos los listillos rojales con el pelito así con gomilla regalan libros. Qué cansinos dios mío. Estoy pensando en prohibir la carrera de filosofía sólo por la rabia que me dan esta gente, lo que pasa es que como soy Premio Nobel de la Paz… Gerardo: Se tiene usted que morder los huevos. Obama: Exactamente. Acaba siendo uno esclavo de la imagen que tienen los demás de ti. No sé si me entiendes. Gerardo: Perfectamente. ¿Qué tal con Albert Rivera y Pedro Sánchez? Obama: ¿Los gemelos? ¿El alto y el bajo? Gerardo: Bueno, gemelos no son, son… Obama: Son marketing americano de principios de los 90. Aquí llega todo tarde, claro. Antes de que se pusieran de moda los presidentes negros con un carisma increíble y una fotogenia tremenda, en Estados Unidos se llevaba el formato que llevan esos dos. Saben gesticular, sonreír y ponerse el traje, pero luego hablando conmigo se pusieron nerviosos. Me dice el alto, yo jugué al baloncesto. Le digo, ¿qué estás incidiendo en el tópico? ¿Me estás llamando negrata de cancha de baloncesto en mi puta cara? Se lo dije de broma, pero se puso amarillo. Me pidió perdón y le echó la culpa al coleta, me dice, lo siento Obama, que es que estoy nervioso desde que este de ahí no quiso hacerme presidente. Y el de los pelos, Pedro por dios, qué bochorno, compórtate delante del señor. Y el bajito enchaquetado, que si me podía dar un abrazo, que una vez abrazó unos niños americanos, pero que no eran negros, que le haría ilusión dedicar los 3 minutos que tenía conmigo abrazando un presidente negro. Y va y se me tira encima así con los brazos abiertos. Total, que McCallagham le ha partido un labio, los he dejado allí a los tres en la enfermería discutiendo. Gerardo: Bueno, muchas gracias por su atención, es un visita que nunca olvidaremos, señor Obama. Obama: Lo mismo te digo. –El presidente de EEUU apura el café de un trago y se despide acompañado de McCallagham dirigiéndose hacia la escalerilla del Air Force One- Nunca olvidaré este país, lo llevaré siempre muy dentro de mi corazón, espero volver con más tiempo la próxima vez para conocer mejor Estonia y sus increíbles gentes. Gerardo: España. Obama: Eso, España. Gerardo: Buen viaje, señor. Obama: Gracias, chaval.

Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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