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El nuevo feminismo: Mariló Montero

El nuevo feminismo: Mariló Montero
Mariló Montero
Mariló Montero | Gtres
El feminismo es uno de los debates sociales más importantes de nuestros días. Mucho se ha escrito sobre teoría feminista, patriarcado, roles de género, privilegios u opresión por cuestión de sexo en los últimos tiempos. La herencia de teóricas clásicas del feminismo como Simone de Beauvoir, Emma Goldman o Clara Campoamor había marcado, hasta hoy, el norte y el cuerpo teórico de esta disciplina que, en los últimos tiempos, ha experimentado un giro de 180 grados con la aparición de una nueva y revolucionaria teoría. Su autora es la periodista Mariló Montero y estamos encantados de recibirla en Lío Pardo. Gerardo: Bienvenida, Mariló y ante todo muchas gracias por aceptar esta entrevista. Mariló: Gracias a ti, como ves no me molesta que seas hombre. G: No veo por qué tendría que molestarle que lo fuera… M: Bueno, hay mujeres que te crucificarían por tener pene, te lo cortarían y ya castrado te colgarían boca abajo de una grúa con la cabeza a un metro y medio del suelo para poder escupirte a la cara. Pasa bastante, todos lo sabemos. Yo no soy así. Yo no soy ni machista ni feminista. Y es por esto por lo que abogo. G: Bueno, tengo que decir que a mí, personalmente, nunca me ha pasado lo de que me corten el pene, ni lo de la grúa, pero me alegro que empiece usted desde el principio de esta entrevista introduciéndonos en su novedosa teoría. Nos interesa mucho intentar entenderla. ¿Ni machista ni feminista? M: Así es. Yo siempre digo que los extremos se tocan y a mí no me gusta que los extremos se toquen. Es peligroso. Tú tocas el extremo de un cable con el extremo de otro cable, saltan chispas y luego se monta la que se monta... La Historia nos lo dice. Es un tema científico, no es que lo diga yo, lo hemos visto todos en muchas películas y documentales. G: Ehm… Bien. Ehm… Acláreme algo, porque no acabo de entenderla del todo: ¿El machismo y el feminismo no serían, en lugar de extremos que se tocan, precisamente posturas excluyentes, opuestas la una a la otra? M: ¿Esto qué coño es, un acertijo o una entrevista? G: Una entrevista. M: ¿Una entrevista? Pues trátame como a una señorita. Haz que me sienta a gusto. Tú ves poco las de Bertín. Ponerme en duda y empezar a contarme tus mierdas es una forma de agredióm hacia una mujer, de machismo del malo. G: Lo siento mucho, pero es que el feminismo, según su definición, hasta que usted la ha redifinido, era la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres. Y lo contrario, antes de su novedosa teoría, era precisamente el machismo. Igual que lo contrario a ser racista es ser antirracista y uno no puede decir: “yo no soy ni racista ni no racista”. No sé si me explico. M: Te explicas, sí, pero mal yba trompicones. Si me hablas de racismo te diré que a mí los negros no me molestan y te voy a contar una anécdota. Al lado de casa hay uno que vende pañuelos y es majísimo. Mufasa, le digo cuando le bajo la ventanilla, hoy no, que ya te di el otro día, pero mañana te doy algo, cariño, y abrígate, coño, que en tu tierra vais siempre en tirantas pero aquí en invierno refresca. Me preocupo por él. ¿Es eso racista? G: No, para nada. M: ¿Pues entonces? G: Pues entonces, si le parece, volvamos al tema del feminismo, que es lo que nos había traído aquí. Ha declarado usted en una entrevista recientemente que “hay que defender el machismo desde un buen punto de vista”. M: Correcto. Machismo bueno. Como el colesterol bueno. G: ¿Nos lo explica? M: El machismo desde un buen punto de vista está bien, como todo lo que es bueno. Lo que no hay es que abusar. Pasa lo mismo con cualquier cosa. G: Pero... M: Que te paguen las copas o te aparquen el coche en un sitio estrecho a las mujeres nos gusta. ¿Sabes cómo hacer para que una mujer sepa entrar en un garaje? Decorándolo con azulejos de cocina JAJAJA. G: Mmm… Pero Mariló, eso es bastante machista. M: Pero machista en plan bien, no en plan te cojo y te mato. G: Si la entiendo bien, su tesis se basa entonces en que se mantenga esa desigualdad entre hombres y mujeres mientras a estas últimas no se las mate. Si le soy sincero, es sorprendente viniendo de una mujer. M: Mira, a tomar por culo, coño, tantas explicaciones, tanto manspreading, tanta teoriíta de mierda –Mariló Montero se levanta la camisa y muestra una cicatriz en el torso- ¿ves esto, nene? G: Ehm… Sí. M: Me hicieron un trasplante. G: Pero… M: Aurelio. Un señor de un pueblo de Alicante. 35 años como tabernero pero, aunque parezca mentira, además de viuda, seis hijos y dieciseis nietos, dejó un hígado casi sin estrenar. No probaba gota el hombre. Un prodigio. G: Me quiere decir que… M: Efectivamente, imbéciles, ya os lo dije.
Gerardo Tecé | Madrid
| 27/02/2018

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