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Consejos para que una obra no acabe en la Audiencia Nacional

Consejos para que una obra no acabe en la Audiencia Nacional
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La que ha liado el pollito, que diría la niña. Una actuación de títeres con motivo del fin de semana de carnaval en Madrid acabó este pasado fin de semana en la Audiencia Nacional. Lo normal. Desde Lío Pardo, amantes de la paz, la tranquilidad y el buen rollo, queremos dar unos consejos básicos preventivos para que algo así no se repita. Para los niños, contenidos infantiles. Una obra de títeres en la que se denuncian actuaciones policiales, casos de corrupción, violaciones o muertes es una obra respetable, por supuesto, la libertad de expresión es sagrada y nadie debe terminar encarcelado por ello, pero no es un espectáculo para niños. Los críos, sentados en corro ante la caja de títeres no entenderán nada y al cabo de 10 minutos acabarán aburridos y pidiéndoles a sus padres que cambien de canal y quiten de una puta vez el telediario. Cuidado con las sensibilidades. España es como una cena de nochebuena eterna. Cualquier cosa puede hacer que todo salte por los aires y por ello recomendamos prudencia, no ya en el género títere, ni en el género infantil, sino en general para todo tipo de espectáculos. Chico conoce a chica. Ambos se enamoran, se casan (no se sabe si por la iglesia o en un juzgado para no abrir melones delicados) y un par de años después tienen dos críos, una niña rubia y un niño moreno. Y otro, asexuado para no abrir el debate de las cuotas, a ser posible pelirrojo por aquello del respeto a las minorías étnicas. Fin de la historia. Cortinilla. The End. Se Fini. Amigos creadores: no intentéis florituras. ¿De verdad ese tío tiene que ser asesinado para que tu obra tenga sentido? Que sepas que estás pudiendo meter al actor que aprieta el gatillo en un marrón judicial de tres pares de narices. No lo hagas. Corrige ese guion. No hace falta que el Sujeto-A le dispare al Sujeto-B, luego se deshaga de su cadáver en un bosque o en una trituradora y más tarde se esconda de la policía, que le sigue la pista. ¿Sabes la de apología de cosas que estás cometiendo en tu obra, puto insensato? Podría solventarse todo de un modo en el que no acabaran el creador y el actor viéndoselas ante un juez y prometiéndole que están contra la violencia. Podría ser más sencillo. El Sujeto-A puede ser un asesino en serie que nunca ha asesinado, y que antes de hacerlo va a un centro de rehabilitación para asesinos en serie, dirigido con una mezcla de ternura y profesionalidad por el Sujeto-B. Después de dos meses de tratamiento, de casa al centro y del centro a casa en plano secuencia, consigue rehabilitarse, le dan su diploma de persona normal que no asesina en serie y el resto de su vida cumple las pautas que en el centro le enseñaron, falleciendo de muerte natural a los 95 sin una mala multa de tráfico. ¿Ves a la Audiencia Nacional merodeando por aquí? Yo tampoco. ¿Por qué? Porque hemos hecho las cosas bien, como hay que hacerlas.

Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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