Liopardo

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Hemofobia

Hemofobia
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A estas alturas todo el mundo conoce la noticia de que la Justicia Europea ha avalado la prohibición de que los hombres homosexuales donen sangre. Concretamente dice que un Estado miembro puede establecer una excepción permanente con hombres que hayan mantenido relaciones sexuales con otros hombres por el “alto riesgo” que presentan de contraer enfermedades infecciosas. A mí que me hablen de estados miembros ya me suena machista y sexista. Si exigimos paridad, mostremos paridad. Si hay estados miembros, ¿por qué no tenemos  “Estados chochos”? Los países podrían votar en referéndum si quieren ser un Estado Miembro o un Estado Chocho. Me parece súper razonable.  Suiza seguiría siendo neutral, o sea, como el pubis de la Barbie. Estado Mattel.

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Una vez establecida la condición deberíamos poder votar todos leyes como esta de la sangre, y así saldríamos de dudas sobre si nuestros gobernantes son borderline (recordemos que hasta hace dos días el Partido Popular mantenía que el matrimonio gay era inconstitucional), o también lo son los ciudadanos, porque a tenor de las intenciones de voto que se están publicando estos días me da a mí que ambos. ¿Qué puede mover a alguien a afirmar estas barbaridades homófobas? Estamos en pleno siglo XXI, somos gente sensibilizada hacia la cultura, por Dios, con grandes autores patrios poblando nuestras estanterías y las listas de superventas: Mario Vaquerizo, Belén Esteban, Poli Díaz… ¡Hasta yo he escrito dos libros! Bien, os diré cuál es el problema: Pretty Woman. Sí, amigos, esta película se emite cada mes en televisión desde hace 25 años y ha transmitido el letal mensaje a la sociedad de que las prostitutas no tienen enfermedades de transmisión sexual [porque todas esas enfermedades las tienen los hombres homosexuales, recordad] y que, además, siempre podrá aparecer un millonario guapo como Richard Gere y resolverte la vida en un minuto. Que pienso yo ¿si hicieran una secuela de Pretty woman, ¿cómo la llamarían? ¿”Ladillas como centollos”? ¿”Herpes reloaded?”

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Pero hay un problema mayor, incluso: Philadelphia. Y no me refiero a la crema de queso esa de untar, que ahora que me veo las cacho lorzas, también, sino la película. Aquella donde Tom Hanks es despedido de su trabajo por tener sida, otro apocalíptico jinete más a añadir a la lista. Y así está la población, hipnotizada perdida, con el cerebro licuado a base de dosis letales de telebasura, literatura basura, de Pretty womans y de Philadelphias, que ejercen en sus maleables neuronas la brutal alquimia del Mentos y la Coca-Cola. ¿Qué solución hay? No tengo ni idea, si lo supiese sería un cuñado o tertuliana con Ana Rosa. Tal vez no haya solución. Tal vez la única explicación posible a esta hemofobia sea recordar el final de Regreso al futuro, cuando Marty McFly preguntaba con preocupación a Doc “¿Qué ocurre en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas??” Pues sí Marty, profundamente.

Señorita Puri | Madrid | 27/02/2018

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