Liopardo

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Entrevista a un votante indeciso

Entrevista a un votante indeciso
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Gerardo: Ante todo muchas gracias por concederme su tiempo. Han debido ser para usted unas semanas muy estresantes teniendo en cuenta lo solicitada que habrá estado una persona como usted en época de elecciones. Votante Indeciso: No es nada, hombre. Bueno, sí es algo, pero no mucho. G: Para preservar su identidad y no ver incrementada aún más la presión en futuras elecciones que sufre por parte de los partidos políticos nos ha pedido usted que lo llamemos Antonio, ¿verdad? V.I: Luego lo he pensado mejor y prefiero Ramón. Me gusta más. G: De acuerdo, entonces llamaremos Ramón a nuestro votante indeciso. La primera pregunta es obligada, Ramón. ¿Cómo lleva usted el hecho de… V.I: Disculpa. Mejor Antonio. Escuchado de tu boca, Ramón suena muy forzado. G: De acuerdo. Le preguntaba, Antonio, que cómo lleva una persona normal como usted, votante indeciso, el hecho de ser el tesoro codiciado por parte de los líderes de la política. V.I: Lo de la presión es muy jodido, no te voy a engañar, pero por otra parte da bastante gustirrinín. G: ¿Gustirrinín? V.I: Sí. En época de elecciones va uno por la calle muy subido, como si estuviera en un videoclip. A lo mejor te cruzas por la acera con uno que tú sabes que de toda la vida ha votado a tal partido y lo miras como por encima del hombro, en plan: se están gastando millones de euros en campaña pensando en uno de los dos y ese no eres tú. Es una sensación de superioridad cojonuda. G: Hábleme de la parte negativa, Antonio, de esa presión que… V.I: Mejor Ramón. Sí, mira, porque he pensado que Antonio es un nombre tan puñeteramente común, que es como no decir nada, ¿sabes? Para poner Antonio lo dejas en blanco, así que sí, Ramón mucho mejor. G: Está bien, Ramón. Le decía que si me puede hablar de esa parte incómoda, la de la persecución que un votante indeciso como usted sufre durante las campañas electorales. V.I: Es muy duro. A la mínima que te descuidas, pum carta en el buzón, pum mitin en la plaza de al lado de casa, pum debate en la tele. Y claro: ¿qué haces? ¿Te pasas o no te pasas por la plaza a escuchar? ¿Te quedas viendo al político bailando con Pablo Motos o cambias de canal? Es un chantaje emocional para nosotros los indecisos, porque a lo mejor han estado esas criaturas doce horas preparando el escenario para que quede bonito aquello y convencerte. Y luego el trabajo de escribir los discursos, de peinar al candidato, de maquillarlo, de hacerle fotos para los carteles… Y uno no es de piedra, uno tiene su corazoncito, ¿sabe? Uno, entre que es buena persona y es indeciso, pues al final se queda a escuchar a ver qué dicen. Y si fuera solo un partido, pues mira, pero es que son muchos. G: ¿Cómo decide finalmente cuál es su voto? ¿En qué se basa para decantarse por uno u otro candidato? V.I: Ufff, buena pregunta. Es complicado porque en mi familia hemos sido indecisos de toda la vida, desde mi tatarabuelo, que embarcó para irse a luchar a la guerra de Cuba y a mitad de camino pararon a repostar en Canarias y se quedó allí y montó una tienda de plátanos que cerró al mes porque lo que le gustaban eran las fresas. Pues mira, depende de las elecciones. En las generales, por ejemplo, no tomo ninguna decisión ni durante el tiempo que dura la campaña y el día de reflexión me doy un paseo mirando farolas y suelo decantarme por el que sale mejor en el cartel. En las municipales voy cambiando de opinión todos los días, según lo que me dicen unos y otros, así que, normalmente voto al último del que me han hablado bien o al último que he visto por la tele. Y en las autonómicas me pierdo un poco, así que busco en el periódico a ver quién es el favorito para ganar y lo voto para no quedar como un idiota votando al que pierde y parecer que no tengo ni idea de esto. G: Ha sido una charla muy interesante, Ramón, le agradezco mucho su tiempo y le deseo que… V.I: Mira, mejor pon Antonio cuando lo publiques, porque acabo de acordarme de que Ramón se llama un hermano de mi señora que es también indeciso como yo y a ver si le van a llenar el buzón al pobre hombre cuando lleguen las próximas elecciones. Es un señor que está mayor y bastante tiene con lo de la cadera. G: De acuerdo, Antonio. Muchas gracias. V.I: No hay de qué. Bueno, algo de qué sí que hay, pero tampoco mucho. G: A seguir bien.

Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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