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El sándwich de Merkel y Tsipras

El sándwich de Merkel y Tsipras
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Tras una interminable reunión matutina, los ministros de Finanzas y los Primeros Ministros de los diecinueve estados miembros de la Unión Europea se dan un breve descanso para comer algo antes de volver a la sesión de tarde en la que seguirán debatiendo sobre el futuro de Grecia, los plazos y la forma del pago de su deuda. Ángela Merkel, con el codo apoyado en la barra de la cafetería, bromea con varios ministros de Finanzas y jefazos de la Comisión Europea mientras muerde un sándwich de lomo, bacon, kétchup, mayonesa y lechuga: ¿Cómo meterías a diez millones de griegos…? Alexis Tsipras, presidente griego, aparece carraspeando tras la canciller alemana y le corta el chiste. Merkel: Hombre, Alexis. De ti precisamente estábamos hablando. Vaya jaleo de reuniones, ¿eh? ¿Qué te pido, hombretón? ¿Querrás una ración de caviar iraní virgen bañado en oro, verdad? Tsipras: No, con un sándwich va bien. De tortilla. Merkel: Así que tortilla. Le vas a meter condimento al pan, ¿eh, hombretón? Que no te falte de nada, ¿eh, pirata? No te vayas a quedar con hambre, tú métele tortilla, porque como total, paga Europa no hay problema, ¿verdad? Tsipras: No, yo pago el sándwich, no te preocupes- se nota algo de incomodidad en el presidente de Grecia.

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Merkel: ¡Venga esa comanda, cocina! Un sándwich de tortilla para mi amigo el griego, que viene con hambre el hombretón- grita Merkel dirigiéndose a la cocina, saltándose en la cadena de mando de la cafetería al par de camareros que miran de reojo la escena mientras le sirven en otro brazo de la barra un refresco de cola a un ministro de Luxemburgo y un Beefeater aun italiano de la Comisión Europea.

Tsipras: No te preocupes, Ángela, de verdad, que traigo suelto. Voy a pedir mi sándwich y el de Varoufakis, que está acicalándose en el baño y ahora viene.

Merkel: Insisto en invitar, no me jodas la diplomacia, hombretón, que estamos en mi casa y me gusta bien tratar a los visitantes.

Tsipras: Bueno, en realidad estamos en Bruselas, Ángela. Esto es Bélgica.

Merkel: Pues lo dicho, que estando yo en mi casa no dejo que nadie pague. Es una tradición en mi pueblo. Los alemanes del norte somos así. Nos dices que no a una invitación y nos entra el siroco, nos ponemos todo locos, ¿sabes? Así que guárdate la cartera, que los dos sándwiches de mortadela, el tuyo y el del calvo, los pago yo.

Tsipras: De tortilla, no de mortadela.

Merkel: Ah, es verdad. La mortadela les parece poca cosa a los señoritos. ¡Que sean dos sándwiches de tortilla para los griegos, cocina, que los señoritos tienen el pico fino, venga esa comanda!- grita Ángela Merkel sin dejar de apoyar el codo en la barra ante la desconcertada mirada de los camareros y las risas del corrillo.

Minutos después, ante el vacío que ha recibido del resto de dirigentes tras su comentario de “pues está nublado hoy en Bruselas”, Tsipras decide apartarse a una mesa a esperar el sándwich. En la barra, Merkel dice en voz alta algo de un cenicero y todos ríen. Varoufakis, desprendiendo olor a perfume, entra con su brillante calva a la cafetería y se sienta junto a Tsipras. Murmullos y risas en la barra. Llegan los dos sándwiches de tortilla justo en el momento en el que Merkel y el resto abandonan la cafetería para volver a la reunión.

Merkel: 1.500 millones más los 6 euros de los sandwiches, hombretón. Que aproveche.

Gerardo Tecé | Madrid | 27/02/2018

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