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Arquitectura efímera

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Norcoreano | Madrid
| 27.02.2018 11:12
Esta semana, como ya habréis visto en todos los medios libres, hemos ejecutado al arquitecto del aeropuerto de Pyongyang. Como pasa siempre, todas las culpas han recaído sobre mí, a pesar de que fuese el propio arquitecto el que me avisó de que la obra ya estaba “en fase de ejecución”. Mucha gente se ha sorprendido del hecho de que tengamos un aeropuerto, dando por hecho que en nuestro país no entra ni sale gente. Pero ya sabéis que en Corea tenemos carencias alimenticias y me gusta mandar de vez en cuando a Cao de Benós a Tarragona a que se traiga tuppers de su madre.

 

El aeropuerto era necesario por tanto, el arquitecto no. Me gasté un dineral en comprarle al tío el último Autocad y va y me dice que no funciona en nuestro Windows 95. Ahí ya me empezó a tocar las narices. Luego que para qué hacía falta un Duty Free si el aeropuerto era minúsculo. Digo: “Pues para comprar tabaco barato, que pareces nuevo”. Los arquitectos están endiosados, los tíos se tiran seis años estudiando y ya se creen que tienen derecho a que no te los cargues. El tío se había empeñado en que sus funciones como arquitecto se reducían al diseño de la obra, aunque yo se lo dejé bien clarito: “Cierra ya la boca y sigue echando cemento en la hormigonera”. Cómo serán los arquitectos que Esperanza Aguirre ya dijo hace años que había que matarlos a todos, aunque luego no cumpliese su promesa. Este caso ha demostrado que cuando tus adversarios te tienen ganas, da igual lo que hagas que no les va a gustar. ¿Que matas a tu tío? Mal. ¿Que matas al ministro de defensa? Mal. ¿Que matas a tu arquitecto? Peor. No saben ni lo que quieren.

 

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