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@BECARIA_

Detalles que harán aún más catastrófica la Navidad

Becaria nos cuenta con detalle cómo vamos a vivir estas extrañas fiestas.

Papa Noel

Pixabay Papa Noel

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Esta Navidad nos han vendido la historia de las "burbujas" para celebrar las cenas en familia y con los allegados, y contagiarnos lo menos posible del virus del momento, porque parece ser que seguimos en pandemia. Todos los días nos lanzan instrucciones con dibujos dignas de Educación Primaria para reducir las posibilidades de acabar infectándonos y que la espiche la abuela nonagenaria o la tía Enriqueta, que está delicada con varias patologías orgánicas, pero la realidad es que en ciertas situaciones, por una triste cena no merece la pena juntarse y comer langostinos con una manta encima y la ventana abierta. De todas formas, reuniones familiares no van a faltar y, a pesar del alto riesgo y la negativa a cancelarlas, las medidas de seguridad recomendadas se van a pasar por el forro y habrá detalles que las conviertan en aún más catastróficas:

Regalar mascarillas en vez de bragas y calcetines

Que no se pierdan las viejas costumbres más bochornosas adaptadas a la realidad que vivimos. Donde siempre fueron unos calcetines, pijamas, calzoncillos y bragas, este año van a ocupar ese hueco enormes cajas de mascarillas compradas al por mayor para las próximas cuatro pandemias. Esas farmacias que, dada la alta demanda, al principio empezaron a vender las mascarillas FFP2 a módicos precios de hasta 15 euros, ahora están intentando liquidar las toneladas de stock por un euro la unidad, y en algunos sitios hasta te regalan fundas de plástico. Esta parafernalia será la salvación de esos regalos por compromiso tirando de la "primera necesidad". ¡Qué ilusión!

Sentarse al lado del cuñado y que tenga Covid

Esto en el momento no lo podrás saber, pero ya es una suerte muy mala que te toque sentarte al lado del más plasta de todas las cenas navideñas y que este año venga con sorpresa virulenta extra. Tu cuñado se pasará la cena criticando al gobierno, las medidas de seguridad, la eutanasia, el aborto, los cursos del paro, las restricciones de movilidad y el tener que abrir la ventana con el frío que hace y usar la mascarilla cuando no estéis con la boca llena. Le parece una chorrada eso de salvar la noche y al suegro, que está en silla de ruedas y con un problema de riñón que lo tiene medio convaleciente, porque no cree en la pandemia, solo en un virus chino y en el Nuevo Orden Mundial que nos quiere vender cremas antiarrugas y alargadores de pene con unos algoritmos. Tu cuñado será más peste que nunca sin saberlo.

Sacar el tema de las vacunas en la cena

"Yo para lo que me queda en el convento, que se la ponga el señor presidente", dirá la abuela con más años que la orilla del río desde su tumbona mecedora, que cree que aún gobierna Felipe González. Un antídoto preventivo ante la discusión de ponerse la vacuna o no, será hacerlo lo más próximo a la ventana y abierta de par en par para ventilar lo máximo posible o huir si la cosa se pone ciega. Queramos o no, ahora la sociedad está dividida entre quienes consumen información científica veraz frente o datos magufos, quienes han sufrido la desgracia cerca frente a quienes comparten memes del virus chino o lo niegan y quienes están deseando que salgan las vacunas testadas frente a quienes creen que nos van a meter un microchip del tamaño de una tarjeta SD de hace quince años, y cada idea científica o delirante forma parte de estos grupos antagónicos que se verán representados en casi todas las familias.

Fue bonito mientras duró.

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