Todos hemos jugado alguna vez mientras estábamos de juerga o de cervezas con nuestros amigos a ¿Qué prefieres? Ese momento en que la conversación se os va de las manos y acabáis discutiendo si preferirías ser el hombre más rico del mundo o vivir eternamente. Volvemos con nuestras preguntas imposibles de responder esta vez con una selección irreverente, desagradable e incomoda.