Os observo desde aquí arriba y no deja de fascinarme el funcionamiento de vuestro cerebro. Os puse el mismo que al mono, y se nota. Y además os hice de barro, no os puedo pedir mucho más.

Empezáis a salir del confinamiento al que os ha sometido mi última plaga y, después de semanas quejándoos por vivir recluidos, los psicólogos afirman que muchos estáis sufriendo lo que llaman "el síndrome de la cabaña", es decir, que os habéis acostumbrado a la seguridad de vuestra madriguera y paradójicamente ahora no queréis salir.

Pero el síndrome de la cabaña no es el único que padecéis. Yo he detectado varios más:

- Síndrome de "la gente": No paras de repetir que la gente tiene la culpa de todo. La gente sale sin la mascarilla, la gente se arremolina en la playa, la gente no respeta la distancia de seguridad, por culpa de la gente vamos a morir todos... y se te olvida que la gente también eres tú y tú también haces esas cosas. Este síndrome es una mutación del "la culpa de todo siempre la tienen los demás."

- Síndrome de la cacerola: Has descubierto que es un instrumento fácil de tocar, y se te da tan bien que ya pides que lo incluyan como materia en el conservatorio. Si le añades una bandera de España a la espalda a modo de Superman creerás que estás salvando el mundo.

- Síndrome del palo de golf: Tantos días recluido hace que te engañen tus sentidos y veas palos de golf donde solo hay una escoba. Se recomienda ir al oculista y cambiar la lectura de Marx por ¿Dónde Está Wally?.

- Síndrome del runner dominguero: No has salido a correr en tu vida, y ahora te va la vida en ello. Resultado: te has lesionado.

- Síndrome de las quedadas pendientes: Durante el confinamiento te has escrito hasta con aquella novia que tuviste en la guardería y has prometido quedar con todo el mundo. Ahora estás estresado porque ni en tres vidas podrías cumplir con todas esas personas a las que además no quieres ver. Al final visitarás a tu familia y amigos de toda la vida y punto.

- Síndrome del economista: No sabes hacer la declaración de la renta, pero conoces cuánto se va a contraer el PIB de cada comunidad autónoma y las medidas que deberían tomarse en la eurozona. Ya hablas mientras caminas en círculos. Te rehúye hasta tu perro.

- Síndrome del epidemiólogo: En el cole suspendías ciencias naturales, pero ahora eres catedrático de biología, experto en respiradores y profesor de estadística. En cuanto tengas un rato descubres la vacuna.

- Síndrome del conspiranoico: Es un viejo síndrome que se ha agudizado con la pandemia. Ya lo sabéis: el coronavirus fue creado en un laboratorio chino con apoyo de los extraterrestres para hacerse ricos vendiendo mascarillas. Inobjetable.

-Síndrome de Fernando Simón: Esto es más misterioso que la Santísima Trinidad. Fernando Simón tiene detractores y admiradores, pero es curioso que ha nacido un importante fenómeno fan de mujeres y hombres que afirman en la redes sociales estar enamorados de él. En la era precovid se forraban las carpetas con Alejandro Sanz y en la era postcovid se utilizan fondos de pantalla de Fernando Simón. ¿Fernando Simón nueva fantasía erótica de los españoles? ¿Será también síndrome de Estocolmo?

- Síndrome del nuevo usuario de redes sociales: Han descubierto el Whatsapp y demás durante el confinamiento. Reenvían vídeos larguísimos y bulos variados a todos sus contactos, discuten agriamente con extraños en Twitter y hacen el ridículo en Tik Tok. Ahora que lo pienso... esto lo hace todo el mundo y no solo los que padecen este síndrome.