Ya estamos en vacaciones y surge la típica cuestión: ¿playa o montaña? Simón el estilita fue un tipo que lo vio claro: se subió a una columna y debía pillar buen wi fi porque allí se quedó.

Simón fue un tipo que nació en el 390, en la actual Siria. Ingresó en un monasterio pero la penitencia que allí se hacía le pareció flojita, así que un día inventó el cilicio. El abad, que no estaba para esas locuras, le invitó amablemente a largarse. En aquellos tiempos ser monje era un chollo y no era plan de que viniese ningún iluminado a dar mal ejemplo.

Simón decidió entonces irse a una cueva, pero le debió parecer el colmo de las comodidades, porque más tarde decidió irse a vivir a lo alto de una columna de 3 metros, sin techo ni nada, con apenas una barandilla. Esto le hizo muy famoso, y la gente acudía en masa a ver a semejante personaje, así que decidió mudarse a otra columna más alta, de 7 metros, y luego, ya en pleno boom inmobiliario, a otra de 17, porque había quien intentaba subirse a darle el coñazo.

Desde allí arriba daba consejos a las masas, dirimía pleitos y se dice que el mismísmo Emperador Theodosio y su mujer fueron un día a escuchar sus sabias palabras o a tirarle algo de alpiste, según la versión que prefiráis.

37 años se tiro ahí arriba, y dicen que era un tipo muy agradable aunque algo misógino, porque no dejaba acercarse a la base de su columna a ninguna mujer, ni siquiera a su madre.

A su muerte, fueron muchos los que siguieron la costumbre de vivir encima de una columna ( stylos, de ahí viene el nombre, estilita), y la práctica se hizo muy popular en los siglos siguientes en el Oriente Bizantino, no así en en Occidente, donde siguieron prefiriendo el hotel o bungalow de toda la vida.

Para terminar este artículo tan elevado, os recomiendo el visionado de la película de Buñuel, "Simón del desierto", dedicada a nuestro protagonista. Amén.